Una Luz en el Sendero

Cada uno ha de recorrer solo su propio camino, pero podemos compartir algún tramo con otros que lleven nuestro mismo rumbo, hacernos compañía y ayudarnos un poco.

Por eso, porque camino como tú; porque me gustaría, si tú quieres, que me acompañes un trecho, he abierto esta ventana, donde poner en común reflexiones y vivencias.

La vida nos pertenece. Nada puede asustarnos. Caminamos. El camino de la serenidad.

No tengo los mapas, no sé dónde nos llevará el siguiente paso. Pero, juntos podemos buscar la mejor ruta.

¡El mundo necesita un cambio ya!.


Tiro la crítica y la intolerancia. Valoro y amo la divinidad de la vida que reina en mí y en todos. La gran revolución pasa por cada uno de nosotros y desea producirse dentro nuestro. ¿La seguimos…?

La brevedad de la vida



El tiempo desde siempre ha sido un enigma para el ser humano.

Pretendemos atraparlo, pero se escapa de nuestras manos como fina arena. Los romanos acuñaron la frase "tempus fugit", el tiempo huye, para dar a entender su carácter escurridizo y efímero.

Séneca, en su ensayo "De brevitate vitae", "De la brevedad de la vida", nos muestra el aspecto relativo del tiempo, ya que no es que nuestra vida sea corta, sino que nosotros la desperdiciamos en cosas banales.

Él decía que el tiempo es como el dinero: "Poco para el que lo malgasta y mucho para quien sabe administrarlo", pero como es algo incorpóreo no le damos el valor que le damos a las cosas materiales.

Éste es un problema muy de nuestros días; quizá por esa tendencia de alejarnos de nuestro "Ser interior", nos pasamos la vida rellenándola con placeres y deseos que satisfacen nuestra parte más instintiva o pasional, pero que nos quita tiempo para las cosas verdaderamente humanas.

El tiempo dedicado a nuestra vida profesional, a nuestros hábitos televisivos o a las más variadas posibilidades de ocio que nos brinda nuestra sociedad son buenos ejemplos de ello. Nos mantienen entretenidos, pero también nos impiden tener una vida más intensa y profunda, y quizá plasmar los sueños e ideales de juventud.

Si fuéramos capaces de apoyar nuestra disciplina en nuestra razón, o simplemente en el sentido común, veríamos cómo el tiempo se alarga, y nos sorprenderíamos de las cosas que se pueden hacer en un día y en una vida.


Por otra parte, es bueno saber el valor del momento; por más larga que sea la vida de uno, al morir, todos perdemos lo mismo: el presente, pues el pasado ya lo hemos perdido antes, el futuro no lo poseemos aún, y no podemos perder lo que no tenemos, por eso realizar cada acto como si estuviéramos a punto de salir de esta vida, como si fuera nuestro último día.

Esto utimo invita a reflexionar sobre la utilización de nuestro tiempo, de la importancia del presente. En general, se tiene la tendencia a dejar las cosas importantes de la vida para el futuro: nuestros grandes planes, sueños, etc., y vivimos el presente "de pasada"; pero, ¿y si no hay futuro? Nadie nos lo garantiza, podemos salir de esta vida en cualquier momento y sin previo aviso.

Podemos dar a la vida otra dimensión. No nos podemos librar de las ataduras del tiempo, pero lo podemos convertir en nuestro aliado y vivir cada momento con más calidad y conciencia; ésto haría que nuestro futuro fuese mejor.

Habilidades que despiertan en nosotros poderes


Hoy quiero escribir de ciertas habilidades en nosotros, que nos enseñan que las virtudes son poderes latentes que todos poseemos. 

Son destrezas que necesitamos conocer y desarrollar para hacer uso de ellas en los momentos en que la vida nos pone a prueba.

Son muchas las virtudes, sin embargo, Platón señala cuatro fundamentales: templanza, fortaleza, prudencia y justicia.

1° La Templanza como moderación, implica el control de nuestras emociones para que no nos esclavicen y condicionen nuestro comportamiento.
"Nada en exceso" (Templo de Apolo en Delfos).

2° La Fortaleza es la capacidad para superar las dificultades. En tiempos de cambios es la virtud con la que más hay que trabajar. La fortaleza es lo más opuesto a la cobardía o actitud miedosa que nos paraliza o nos lleva a una constante búsqueda de comodidad.

Algunos de los componentes de la fortaleza son:
. El valor: la energía necesaria para empezar algo y para resistir.
. La paciencia, base de la resistencia. Nos impide caer en la falta de esperanza y en la tristeza.
. Fidelidad a nuestro ideal de vida o proyecto vital.
. La perseverancia o mantener el esfuerzo dentro de la fortaleza. Nos ayuda a ser duros con nosotros mismos y resistir; impide ser caprichosos y débiles ante cualquier contratiempo.
. Sentido del deber ético: hacer lo que nuestra reflexión y experiencia nos dicen que es lo mejor para nosotros y para los demás.
. ¡Y sentido del humor! Para no tomarnos las cosas demasiado en serio. La fortaleza es un sano espíritu de victoria.

3° La Prudencia es la capacidad para medir el alcance de nuestras acciones (que no es exceso de reflexión ni tiene que ver con el miedo ni la prevención). Es pensar antes de actuar; y pensar lo más rectamente posible.

4° La Justicia es la corona que ganamos por la práctica de las anteriores.

Si acercamos las virtudes de Platón a nuestro mundo actual, veremos que sí nos resultan de muchísima utilidad:

. La justicia, nos ayuda a elegir en cada momento lo mejor, sin dañar a nadie ni a nada innecesariamente. Por ello, hay que hacer de ella nuestra meta en la vida.
. La moderación, nos impide dejarnos llevar ni atar por las pasiones.
. La prudencia, nos sirve para concretar nuestro proyecto vital y saber rectificar cuando sea necesario.
. La fortaleza, para iniciarlo y mantenerlo, haciendo los cambios de rumbo que exijan las circunstancias, pero sin desviarnos del puerto al que queremos llegar.

Resumiendo:

Estas practicas nos recuerdan que somos más fuertes de lo que creemos y que dentro de nosotros están nuestras "armas de poder", las virtudes, que nos permitirán lograr nuestro objetivo: Ser fieles a nuestros ideales de vida e impedir que las dificultades nos aplasten.

Despertar Interno


Esta pintura a pesar de contener una sola figura y, además, desnuda, no nos produce sensación de soledad ni de desamparo, sino de armonía con el todo que la envuelve y la arropa y hasta la arrulla y la alimenta: el sol la acaricia, el agua refresca sus pies, la arena se somete a su pisada, el cielo sonríe en mil colores, el faro la alumbra y ella va dejando tras sí sus huellas que otros podrán seguir. 

Y el camino que le falta por recorrer está despejado, porque la armonía lograda despeja siempre el resto del Sendero.

En honor a ese despertar interno, esta pintura nos muestra a una mujer que pasea al anochecer por una playa serena, en un mar calmo de emociones, caminando al atardecer, despojada de la vida material (por eso semi desnuda), con una túnica de velos violeta, el color de la transmutación, y siguiendo el camino que ilumina el Cristo (Faro). Las huellas son de su ángel guardián que no la deja sola.

De dónde venimos cuando nacemos


Pocas veces nos hemos detenido a pensar de dónde venimos cuando nacemos.

Ya no se trata de la cuestión religiosa ni filosófica del origen de las almas. Se trata de algo más simple: si llegamos a la vida, es que venimos de alguna otra parte, sea esta cual sea, y sea como sea. 

¿No dejaremos acaso seres tristes y llorosos en esa otra parte, cuando la abandonamos para dirigirnos a la tierra de los vivos? Lo que los padres festejan con alegría, ¿no será un dolor para otros padres inmateriales que ven partir un alma que les acompañaba hasta ese mismo momento?

Y cuando morimos y dejamos la tierra, ¿hacia dónde vamos? Si de algún sitio venimos, es seguro que hacia otro sitio vamos. 

En el infinito no caben los límites definidos. Y allí donde vamos, ¿no nos recibirán con risas y alegrías de reencuentro, mientras nuestros deudos nos lloran en la tierra?

La investigación va más allá de lo intelectual


La investigación, el verdadero estudio, la interiorización de todo lo válido que aprendemos, es lo que nos permite llegar a la sabiduría.

Y si no alcanzamos la plena sabiduría, al menos logramos una mente ágil y capaz de discernir, una gran lucidez y unos conocimientos sólidamente afirmados.

No es una actitud de curiosidad intelectual ni una acumulación de conocimientos que no llegan a aplicarse jamás en la vida. 

La investigación es una penetración profunda de nuestras facultades mentales e intuitivas, en una doble vertiente: hacia el interior del hombre (para conocer sus potencialidades latentes) y hacia nuestro mundo (para conocer sus leyes aún inexploradas).

El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien


Tolkien nos hace soñar no solo con un mundo mágico, sino con el valor y la belleza que residen en el alma humana. Buceó en las raíces de la historia céltica, escandinava y germánica para traernos los sueños que danzan escondidos en nuestro propio corazón.


El Señor de los Anillos, una de mis lecturas favoritas; no es un libro religioso, no tiene iglesias, cultos ni templos. Eso sí, es básicamente moral. 

Para Tolkien, el mal es un estado de degradación de los seres, hijo de la Soberbia, de donde nace la primera corrupción de Melkor o Morgoth, el primer Señor Oscuro, nacido de la envidia de lo Uno, la Causa sin causa. Pero el mal no es omnipotente ni omnisciente. Tampoco está por encima del miedo, ni tiene conocimiento del futuro. El mal, el efecto Nazgul, consiste en crear temor en el corazón de los hombres. No puede hacer más. El mal anhela el Poder, el control definitivo sobre la vida.

El Anillo es un medio y un centro de poder y fuerza, de acuerdo con la medida del portador. Está corrompido por la mano que lo forjó, y al usarlo se entra en el mundo de las sombras y se desaparece gradualmente. 

El solo deseo del Anillo corrompe el corazón y debilita la Voluntad. Es inútil esconderlo, el deseo nace y alimenta la soberbia, por eso el único antídoto es la humildad, el amor, y los grandes protagonistas son los mínimos hobbits.

Todos los protagonistas pasan su tiempo de prueba. Cuando Frodo le dice a Gandalf. "Tu eres sabio y poderoso, ¿no lo quieres?" Gandalf reconoce al punto el peligro y lo rechaza, no sin rastros de lucha interior. Saruman, en cambio, da cobijo a la tentación y la disfraza: utilizará el Anillo para controlar el mal. Pero lo único que desea es ser el más poderoso. Boromir sería un rey poderoso y sometería a Mordor: "Yo convocaría gloriosas victorias...", pero poco después muere en manos de los orcos, así como Saruman muere a manos de Lengua de Serpiente.


En Galadriel la tentación tiene más de vanidad que de soberbia. Frodo le ofrece el Anillo y ella se levanta como un gran árbol en flor, dura como el diamante, suave como un claro de luna, y dice: "¡En el sitio del Señor oscuro instalaré una Reina, y yo no seré oscura sino hermosa y terrible como la mañana y la noche! ¡Hermosa como el mar y el sol y la nieve en la montaña! ¡Terrible como la tempestad y el relámpago! ¡Todos me amarán y respetarán!" Pero vuelve en sí y consiente en ser solo Galadriel.

En Sam, el Hobbit, en la fortaleza de Cirith Ungol, el influjo maléfico del Anillo atraviesa su sencillez y ve a Sam el fuerte, con ejércitos acudiendo a su llamada para derribar Barad-dur y convertir las tierras malditas de Gorgoroth en un jardín, pero reconoce que no es suficientemente grande para tamaña carga.

Frodo, el portador del Anillo, no es el más fuerte, ni el más valiente, pero se sorprende a sí mismo cuando dice. "Yo llevaré el Anillo... aunque no conozco el camino". Tiene miedo, como se lo reconoce a Boromir, pero se compromete y es firme y generoso en el amor a sus compañeros: en las cascadas del Rauros se separa de ellos porque no quiere conducirlos a peligros mayores. Tiene la convicción de proteger a la Tierra Media y a sus habitantes. 


Ideas que amenazan convicciones....


A lo largo de la historia, todos los grandes avances científicos comenzaron con una simple idea que amenazaba con derribar todas nuestras convicciones.


Una aseveración tan sencilla como que la Tierra es redonda fue ridiculizada como algo imposible porque la mayoría de la gente pensaba que, si así hubiera sido, se habría derramado el agua de todos los océanos.

El heliocentrismo fue tildado de herejía. Las mentes pequeñas siempre atacan lo que no entienden. Hay gente que crea y gente que destruye. Esa dinámica existe desde el principio de los tiempos.

Pero, al final, los creadores encuentran creyentes y, cuando el número de creyentes alcanza una masa crítica, entonces el mundo se vuelve redondo, y el sistema solar, heliocéntrico. 

La percepción se transforma y nace una nueva realidad.

Creados a su imagen y semejanza...


Dios es algo muy real: una energía mental que lo impregna todo. Y nosotros, los seres humanos, hemos sido creados a su imagen y semejanza...

Nuestros cuerpos físicos han evolucionado a través del tiempo, pero nuestra mente fue creada a imagen y semejanza de Dios.

Nuestra lectura de la Biblia es demasiado literal. Decimos que Dios nos creó a su imagen, pero no es nuestro cuerpo físico lo que se parece a Dios, sino nuestra mente. 

En el mundo entero, levantamos la vista al cielo y esperamos a Dios..., sin darnos cuenta de que Él nos está esperando a nosotros.
Somos creadores, pero ingenuamente asumimos el papel de "creados". Nos vemos como corderos indefensos, manipulados y zarandeados por el Dios que nos creó. 

Nos arrodillamos como niños asustados y le suplicamos que nos ayude, que nos perdone y que nos conceda suerte.

Los antiguos ya conocían muchas de las verdades científicas que ahora estamos redescubriendo. En cuestión de años, el hombre moderno se verá obligado a aceptar lo que ahora es impensable: nuestros cerebros podrán generar energía capaz de transformar el mundo físico.


Las partículas reaccionan con nuestros pensamientos..., lo que significa que nuestros pensamientos tienen el poder de cambiar el mundo. 

Pero cuando por fin entendamos que verdaderamente hemos sido creados a su imagen y semejanza, entonces empezaremos a comprender que también nosotros debemos ser creadores.

Cuando entendamos eso, se abrirán todas las puertas para la realización del potencial humano.