Una Luz en el Sendero

Cada uno ha de recorrer solo su propio camino, pero podemos compartir algún tramo con otros que lleven nuestro mismo rumbo, hacernos compañía y ayudarnos un poco.

Por eso, porque camino como tú; porque me gustaría, si tú quieres, que me acompañes un trecho, he abierto esta ventana, donde poner en común reflexiones y vivencias.

La vida nos pertenece. Nada puede asustarnos. Caminamos. El camino de la serenidad.

No tengo los mapas, no sé dónde nos llevará el siguiente paso. Pero, juntos podemos buscar la mejor ruta.

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LA PUERTA CERRADA, un cuento de Edmundo Paz Soldán (Bolivia, 1967)


Acabamos de enterrar a papá. Fue una ceremonia majestuosa; bajo un cielo azul salpicado de hilos de plata, en la calurosa tarde de este verano agobiador. 

El cura ofició una misa conmovedora frente al lujoso ataúd de caoba y, mientras nos refrescaba a todos con agua bendita, nos convenció una vez más de que la verdadera vida recién comienza después de ésta. 

Personalidades del lugar dejaron guirnaldas de flores frescas a los pies del ataúd y, secándose el rostro con pañuelos perfumados, pronunciaron aburridos discursos, destacando lo bueno y desprendido que había sido papá con los vecinos, el ejemplo de amor y abnegación que había sido para su esposa y sus hijos, las incontables cosas que había hecho por el desarrollo del pueblo. 

Una banda tocó “La media vuelta”, el bolero favorito de papá: Te vas porque yo quiero que te vayas, / a la hora que yo quiera te detengo, / yo sé que mi cariño te hace falta, / porque quieras o no yo soy tu dueño. Mamá lloraba, los hermanos de papá lloraban. Sólo mi hermana no lloraba. Tenía un jazmín en la mano y lo olía con aire ausente. 

Con su vestido negro de una pieza y la larga cabellera castaña recogida en un moño, era la sobriedad encarnada.
Pero ayer por la mañana María tenía un aspecto muy diferente.
Yo la vi, por la puerta entreabierta de su cuarto, empuñar el cuchillo para destazar cerdos con la mano que ahora oprime un jazmín, e incrustarlo con saña en el estómago de papá, una y otra vez, hasta que sus entrañas comenzaron a salírsele y él se desplomó al suelo. 

Luego, María dio unos pasos como sonámbula, se dirigió a tientas a la cama, se echó en ella, todavía con el cuchillo en la mano, lloró como lo hacen los niños, con tanta angustia y desesperación que uno cree que acaban de ver un fantasma. 

Esa fue la única vez que la he visto llorar. Me acerqué a ella y la consolé diciéndole que no se preocupara, que estaría allí para protegerla. Le quité el cuchillo y fui a tirarlo al río.
María mató a papá porque él jamás respetó la puerta cerrada. Él ingresaba al cuarto de ella cuando mamá iba al mercado por la mañana, o a veces, en las tardes, cuando mamá iba a visitar a unas amigas, o, en las noches, después de asegurarse de que mamá estaba profundamente dormida. 

Desde mi cuarto, yo los oía. Oía que ella le decía que la puerta de su cuarto estaba cerrada para él, que le pesaría si él continuaba sin respetar esa decisión. 

Así sucedió lo que sucedió. María, poco a poco, se fue armando de valor, hasta que, un día, el cuchillo para destazar cerdos se convirtió en la única opción.
Acaso todos los habitantes del pueblo sepan lo que yo sé, o más, o menos. Acaso. Pero no podré saberlo con seguridad mientras no hablen. Y lo más probable es que lo hagan sólo después de que a algún borracho se le ocurra abrir la boca. Alguien será el primero en hablar, pero ése no seré yo, porque no quiero revelar lo que sé. No quiero que María, de regreso a casa con mamá y conmigo, mordiendo el jazmín y con la frente húmeda por el calor de este verano que no nos da sosiego, decida, como lo hizo antes con papá, cerrarme la puerta de su cuarto.

-Gato de Cheshire, ¿me puede decir, por favor, qué camino debo seguir?...



Todas las noche antes de ir a dormir; le leo a mi nieto cuentos, para crear recuerdos bonitos,...Y una ves mas escogimos... "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carrol....Me llego este fragmento,...y lo comparto con ustedes mis amigos del blog 


-Gato de Cheshire, ¿me puede decir, por favor, qué camino debo seguir?

-Eso depende de a dónde quieras ir -responde el gato.

-No sé bien a dónde... -responde Alicia.

-Entonces no importa qué camino elijas -dice el gato.


-Que me lleve, al menos, a algún sitio -agrega Alicia para explicarse.


-¡Oh! Entonces, seguro que te llevará -concluye el gato- con tal de que camines lo que haga falta.





Los cuentos mágicos para niños,...


Dicen que los cuentos buenos nutren el alma del niño. En la actualidad los niños los buscan como en cualquier otro tiempo, pero a menudo lo hacen con un apetito desmesurado. Como si no pudieran saciarse con lo consumido y siempre quieran ver más y más cuentos en vídeos o en televisión. 

Es sabido que si uno consume una comida buena y justa el organismo asimila lo consumido y no exige más. Del mismo modo el niño después de escuchar -y no necesariamente ver- un buen cuento lo "digiere" y juega con sus elementos. Podemos entonces afirmar que hay cuentos buenos que nutren el alma.

Los cuentos buenos se enraízan en el alma del niño y con el tiempo germinan en virtudes.

Los cuentos mágicos más hermosos no explican mucho. Simplemente relatan los hechos y si somos ya adultos nos ponen ante la prueba de captar el mensaje esencial escondido con análisis racional y un poco de intuición.


Quizás el camino más seguro es hacernos preguntas sobre cómo o por qué las cosas ocurren como ocurren y detrás de estas preguntas podemos encontrar el mensaje metafísico de un cuento. 

En cuanto a los personajes mismos no se caracterizan por sus palabras sino por sus hechos. Por ejemplo, no es necesario decir que el héroe era humilde o valeroso si todos sus hechos lo prueban.

Con los niños los cuentos realizan una magia especial; les preparan para las pruebas de la vida; les enseñan que el bien siempre vence al mal y que ningún fracaso es final; que deben proteger y ayudar a los que son más débiles que ellos; que el bienestar de la comunidad humana depende de cada uno de nosotros ya que cada persona puede ser el héroe del cuento de su vida.


El bosque interior


Encontre este bello cuento entre mis archivos, lo traigo para entretenerlos; es uno de esos "viajecitos" leerlo, espero que les guste tanto como a mi.

Había una vez un hombre que caminaba perdido en el sendero Espiritual. Estando paseando por el monte, solitario, triste y preocupado de cómo podría ver la luz, oyó una voz que le dijo:


-¿Dónde vas buen hombre?


Un poco asustado al oír aquella voz, contestó:


-Llevo años queriendo ver ya de una vez la Luz , pero ni la veo ni sé dónde buscarla.


Sonriendo, aquella voz le dijo:- Hijo mío la luz no se busca, está siempre delante de ti, lo que pasa es que tienes un bosque de árboles entre tú y ella que no te la deja ver.


-¿Quieres decir que los árboles mentales que tengo no me dejan ver la luz?


-Así es, por lo tanto has de ir talando todos los árboles que están entre tú y la Luz, pues ellos te impiden verla.
-¿Y cómo puedo hacer eso?, le preguntó el hombre.


-Mira, te enseñare como hacerlo, siéntate en la base de ese árbol, mantente en silencio y ve observando los árboles que tienes y ve talándolos mentalmente todos y cada uno de ellos.


Así pues aquel hombre se puso manos a la obra y empezó a ver su primer árbol. Vio el árbol de la impaciencia y lo taló, luego vio el de la intolerancia e incomprensión hacia los demás, siguió cortando el árbol de la vanidad y del ego, cortó también el árbol del rencor y el no perdón a los demás, siguió con el árbol de juzgar y creer ser superior a los demás, y siguió y siguió…….
Pasado un rato la voz le dijo:- ¿Cómo vas?


El hombre le contestó:- Voy bien, acabo de talar una gran hilera de árboles que no me dejaban ver la luz, pero aun no la veo, hay otra gran fila de árboles, ¿qué árboles son estos?, preguntó el hombre.


La voz le contestó: son los mismos árboles de antes pero ahora son a nivel espiritual, son los árboles de la vanidad espiritual, intolerancia espiritual, el árbol de creerse en posesión de la verdad …. y estos árboles son peores que los anteriores,.... - córtalos muy bien.
Así pues, el hombre siguió talando la siguiente hilera de árboles. Taló el árbol de creerse ser un elegido, de creerse maestro, taló el árbol de querer salvar al mundo, taló también el árbol de su religión y siguió y siguió.


Pasado un rato la voz le dijo:- ¿cómo vas? Acabo de talar otra gran hilera de árboles que no me dejan ver la luz, pero aun no la veo, hay otra gran hilera de árboles, ¿qué árboles son estos?, preguntó el hombre.


La voz le contestó:- estos árboles son muy importantes de talar, estos árboles te sirvieron en su momento pero ahora has de cortarlos todos, pero es decisión tuya de hacerlo o no, pues no querrás talarlos, pero ya debe ser elección tuya, así que observa bien estos árboles y decide tú que quieres hacer.


Así que el hombre observó y taló dichos árboles, taló el árbol de no creer ya en maestros ascendidos, de no creer en Ángeles, el árbol de no creer en seres de luz, en no creer en todo lo que leyó y le ensañaron, y siguió talando y talando, y aunque le costaba mucho talar tantos, pues se estaba quedando sin nada, el siguió adelante……


Pasado un rato le dijo la voz: -¿Cómo vas?
Este hombre le contestó: -Voy bien, ya se ve algo de luz, pero estoy viendo dos últimos árboles, uno es enorme y otro más normal, ¿qué hago ahora con ellos?.


La voz le dijo:- Antes de talarlos mira bien que representan dichos árboles.
El hombre se concentró y al ir a cortar el árbol más normal, vaciló y rápido fue a consultar a la voz.
Exclamó; -¡Ese árbol es mi SER, ¿cómo quieres que lo tale?.


La voz le contestó: -Si quieres ver la Luz, has de talarlo, pero eso ya es elección tuya.
Así que aquel hombre un poco asustado lo taló y se quedó sin creer en su SER.
Pasado un rato la voz le dijo: -¿Cómo vas?


-Ya he talado ese árbol, le contestó. Y la voz le preguntó ¿y aún sigues vivo?
El hombre contesto, sí.
Pues entonces sigue, le dijo la voz.


Así pues el hombre se puso a talar el último y enorme árbol que no le dejaba ver la Luz. Pero cuando fue a talarlo se dio cuenta lo que representaba el último árbol y fue corriendo a preguntar otra vez a la voz. Súper asustado aquel hombre le dijo a la voz. ¡Madre mía! ¿Tú sabes qué árbol es ese? ¡Es Mi Dios!.


-Así es, le dijo la voz, tálalo también si quieres ver la luz.
- Uf, contestó aquél hombre, eso si que me va a costar, pero lo haré.
Pasado un rato le dijo la voz: -¿Cómo vas?


-Muy bien ya veo la luz, es preciosa y todo amor, es increíble. Muchas gracias de todo corazón por ayudarme a ver la luz, le dijo el hombre entusiasmado.


-No corras tanto, le replicó la voz, aún no hemos terminado, esa luz que ves es aún un espejismo, tienes que talar el ultimo árbol para poder ver la verdadera Luz.


-¿Cómo? Dijo sorprendido aquel hombre, yo no veo ningún árbol más.
- Ese es el problema, nunca ves el último árbol, Ese árbol eres tu mismo, y ves la Luz a través de tu árbol, no de tí, tálate tú y veras la luz.


Aquel hombre no podría creer lo que estaba oyendo, pero se puso en marcha y taló su propio árbol. Pasado un rato le dijo la voz:- ¿Cómo vas, ya has visto la Luz?


Y aquel hombre con todo amor, paz y felicidad, le dijo a la voz: no he visto la Luz, !!!SOY LA LUZ!!!


Ese bosque interior se yergue en cada uno de nosotros y está también en medio de nosotros. Ese bosque interior no se puede extraer de simples maneras, sino que se lo ha de extraer de profundas y fuertes maneras.

Esos impulsos, esas virtudes y esas fuerzas que están solamente adormecidas en nosotros, no han desaparecido.

Dentro de cada uno de nosotros puede surgir esa llama, esa fuerza. Esa fuerza hace cambiar todo el sentido de nuestra vida. Esa fuerza nos hace entender los viejos mitos y los nuevos problemas. Esa fuerza permite dirigirnos a las personas con maneras simples, con palabras sencillas..., y ser entendidos. Esa fuerza nos permite construir, recrear, unirnos, amar... Es la Fuerza Interior, la única fuerza que vale, la única fuerza real y espiritual. Porque no es una fuerza de contemplación, sino una fuerza erecta como una lanza, una fuerza que es capaz de luchar por lo que cree, de vibrar por todo aquello que siente, como un arpa eólica que puede colgarse entre las ramas de un árbol y el solo viento la hace sonar.

El hombre tiene el tamaño de aquello que se atreve a hacer.





¿Día o noche?


-¿Día o noche?... Preguntó un maestro a sus discípulos para ver si sabrían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día.

Uno de ellos dijo:- Cuando ves a un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo.
-No, dijo el maestro.


Otro dijo: - Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un naranjo.

-Tampoco, dijo el maestro.
-Está bien, dijeron los discípulos, -dinos cuándo es.

A lo que el maestro respondió: - Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, para ti... ¡aún es de noche!

El Dios del tiempo, y el conocimiento del bien y el mal


Esta es una historia que cuenta como el Dios del tiempo, después de haber creado el tiempo, después de haber creado el universo, se da cuenta de la armonía que tiene a su alrededor, pero siente que le falta algo muy importante: Una compañía con la cual disfrutar de toda aquella belleza.

Durante mil años, reza para conseguir un hijo. La historia no cuenta, a quién se lo pide, ya que él es todo poderoso, señor único y supremo; a pesar de todo, reza y, al final, la deidad queda encinta.


Cuando comprende que ha conseguido lo que quería, el Dios del tiempo se arrepiente, consciente de que el equilibrio de las cosas es muy frágil.

Pero ya es demasiado tarde: el hijo ya está en camino. Lo único que consigue con su llanto es que la criatura que lleva en su vientre se divida en dos.


Cuenta la leyenda que de la oración del Dios del tiempo, nace el Bien (Ormuz), y de su arrepentimiento nace el Mal (Ahriman) dos hermanos gemelos.


Preocupado, hace lo posible para que Ormuz salga primero de su vientre, controlando a su hermano, Ahriman, y evitando que cause problemas en el universo. Pero el Mal, inteligente y espabilado da un empujón a Ormuz en el momento del parto y es el primero en ver la luz de la estrellas.


El Dios del tiempo, desolado, decide crear aliados para Ormuz y entonces crea la raza humana, que luchará con él para dominar a Ahriman y evitar que se apodere del mundo.


En la leyenda persa, la raza humana nace como aliada del Bien y, según la tradición, al final vencerá.

Siglos después, surge una versión opuesta, en la que el hombre es el instrumento del Mal.


Creo que todos ustedes ya saben de qué les estoy hablando: un hombre y una mujer están en el jardín del paraíso, gozando de todas las delicias inimaginables. Solo se les ha prohibido una cosa: La pareja no puede conocer el significado de Bien y Mal. Dice el señor Todo poderoso: "No comerás del árbol del Bien y del Mal" (Génesis, 2, 17).


Pero un buen día aparece la serpiente, que afirma que este conocimiento es más importante que el mismo Paraíso, y que ellos deben poseerlo. La mujer se niega a ello, diciendo que Dios los ha amenazado de muerte, pero la serpiente afirma que no les pasará nada, sino al contrario: el día en que sepan lo que es el Bien y el Mal, serán iguales a Dios.


Eva, convencida, come la fruta prohibida y da una parte de ella a Adán. A partir de entonces, el equilibrio original del paraíso queda destruido, y ambos son expulsados y maldecidos.

Pero Dios pronuncia una frase enigmática que da toda la razón a la serpiente: "Hete aquí que el hombre se ha convertido en uno de nosotros, conocedores del Bien y del Mal".


En este caso (al igual que en el del Dios del tiempo, que reza pidiendo algo aunque sea el señor absoluto), la Biblia no explica con quién está hablando el Dios único, y -si él es único- ¿Por qué dice "en uno de nosotros"?


Sea como fuere, desde sus orígenes, la raza humana está condenada a lidiar con la eterna División entre dos polos opuestos. Y así estamos nosotros, con las mismas dudas que nuestros antepasados; desde tiempos inmemoriales.

Leyenda de la Flor Nocturna


En el mismo comienzo de la creación del Mundo, y mucho antes del pecado que provocó la caída de Eva, un fuerte arbusto verde despliega sus anchas hojas en la orilla de un arroyo.

El sol, aún joven en aquellos tiempos y cansado de sus esfuerzos iniciales, se estaba poniendo lentamente, y arrastrando sus velos de niebla alrededor de él, envolvió a la tierra en profundas y oscuras sombras.

Entonces una modesta flor floreció de una rama del arbusto. No tenía la fresca belleza de la rosa, ni tampoco el espléndido y majestuoso orgullo del hermoso lirio.

Humilde y modesta, abrió sus pétalos y echó una ansiosa mirada al mundo del Creador.

¡Todo estaba frío y oscuro a su alrededor!

Sus compañeras dormían todas dobladas sobre sus flexibles tallos a su alrededor; sus camaradas, hijas del mismo arbusto, se apartaban de su mirada; las polillas, amantes aladas de las flores, descansaron por un momento en su pecho, pero pronto se alejaron volando hacia flores más bellas.

Un gran escarabajo casi la corta en dos mientras escalaba sin ceremonias por encima de ella, en busca de un alojamiento para la noche.

Y la pobre flor, aterrada por su aislamiento y su soledad en medio de esta indiferente multitud, dejó caer su cabeza apesadumbrada y vertió una amarga gota de rocío como lágrima.

Pero ¡mira! una pequeña estrella había nacido en el sombrío cielo.

Sus brillantes rayos, rápidos y tiernos, perforaron las oleadas de penumbra. De repente la flor huérfana se sintió vivificada y refrescada como por algún rocío beneficioso.

Completamente restablecida, levantó su cara y vio a la amistosa estrella. Recibía sus rayos en su pecho, temblando de emoción y gratitud. Habían provocado su renacimiento a una nueva vida.

El amanecer con su sonrosada sonrisa gradualmente disipó la oscuridad, y la estrella fue sumergida en un océano de luz que surgía de la estrella del día.

Miles de flores saludaron a su amante, bañándose ávidamente en sus dorados rayos. Estos los emitió el sol también sobre la pequeña flor; la gran estrella se dignó a cubrirla también con sus llameantes besos.

Pero repleta de la memoria de la estrella nocturna, y de su plateado brillo, la flor no respondió sino fríamente a las demostraciones del arrogante sol.

Ella aún veía delante de los ojos de su mente el suave y afectuoso fulgor de la estrella, ella aún sentía en su corazón la beneficiosa gota de rocío, y apartándose de los cegadores rayos del sol, cerró sus pétalos y se fue a dormir acunada en el espeso follaje de su padre arbusto.

Desde aquel momento y para siempre, el día se hizo noche para la modesta flor, y la noche se hizo día.

Tan pronto como el sol surge y devora el cielo y la tierra con sus dorados rayos, la flor se hace invisible, pero tan pronto se pone el sol, y la estrella, penetrando en un rincón del oscuro horizonte, hace su aparición, que la flor la saluda con gozo, juega con sus rayos plateados, y absorbe con profundas inspiraciones su suave brillo.

Así es el corazón de muchas mujeres. La primera palabra graciosa, la primera caricia afectuosa, cayendo sobre su dolido corazón, echa raíces allí en lo más profundo.

Profundamente conmovida por una palabra amistosa, permanece indiferente a las apasionadas demostraciones del universo entero.

La primera puede no ser diferente de muchas otras, puede estar perdida entre miles de otras estrellas similares a esa, y aún así el corazón de la mujer sabe dónde encontrarle, ya esté cerca o lejos; ella seguirá con amor e interés su humilde trayectoria, y le enviará sus bendiciones en su viaje.

Ella puede recibir al altivo sol, y admirar su gloria, pero leal y agradecida, su amor siempre pertenecerá a una solitaria estrella.

Misericordia para un insecto


El maestro hizo sonar su campanilla. Fui de inmediato a su habitación y ofrecí reverencias.

Al levantarme, sus ojos se agrandaron. Mirándome con mucho interés, señaló el piso cerca de mis piernas y dijo, "¿Ves ese bichito?"
Mirando alrededor por unos momentos, finalmente detecté al pequeño insecto.

Asentí en señal de acuerdo, no teniendo idea de lo que seguiría.


Con una voz muy seria, El maestro dijo, "He estado mirando ese insecto por algún tiempo y no se ha movido. Pienso que tiene hambre. Consigue una flor, y llévalo afuera. Colócalo en una planta para que pueda nutrirse un poco".


Hice de inmediato lo que mi maestro lleno de misericordia pidió y regresé.
Ninguno de nosotros volvió a referirse al insecto.

Fue meramente otra maravillosa ocasión en la cual él me mostró cuán indiscriminadamente misericordioso es un devoto puro.
El maestro no opinaba que fuera una pérdida de tiempo el mitigar trascendentalmente el sufrimiento de incluso la más pequeña de las entidades vivientes.

Ahora, tan solo al contemplar el más pequeño de los insectos, me obligo a pensar en mi amado maestro.
Por muy insignificante que pueda ser, si somos afortunados para obtener la mirada de Dios, nuestra vida se verá inmensamente beneficiada.

Hace poco me contaron todos los secretos que tengo escondidos


En esta Semana Santa, viaje a un lugar paradisiaco que se llama "Yungas" a dos horas de La Paz, al poblado de "Coroico", donde vivi experiencias maravillosas en compañia de la madre Natura, y personas maravillosas que me entregaron mucho cariño y ternura, ademas pude escribir este cuento el que comparto con ustedes y espero que sea de su agrado
Feliz dia!!

Si tendria que hacer magia, de cada lagrimita salada y gris haría brotar una flor y, con mi varita mágica, construiría un puente de margaritas y amapolas, sendero certero hacia la felicidad por el que los afligidos cruzarían para no volver.

Si fuera una reina poderosa, bombas y balas de pan salpicadas con confites saldrían de cada cañón o arma de destrucción para que a ningún pequeñín de mi reino pudiera asustarlo el fantasma del hambre o la desnutrición.

Si fuera una sabia bruja, viviría en una cueva grande, muy grande, para almacenar allí ungüentos y polvos encantados de todo tipo y color. Variedades de aquí y de allá; éste para el dolor de muelas, este otro para la tos, aquél para el resfrío y el de más allá para la gripe. Tendría un barril gigante, lleno, repleto del polen de la comprensión para sanar los dolores del alma, que son siempre los que más duelen.


Si fuera un angelito, con mis alitas traviesas borraría los barrotes del miedo para dibujar encima cielos diáfanos encendidos por el sol de la mañana.


Una vocecita dulce como el arrullo del viento me arrebató del ensueño. Un gnomito vivaracho había estado escuchándome, sentado sobre la lámpara de mi habitación. Se colgó de una tela de araña y llegó hasta mí, para acomodarse en mi oreja y, desde allí, susurrarme su secreto más veraz.


"No eres maga ni reina, tampoco bruja, ni siquiera un angelito. Pero, ¡qué lindos son tus sueños! No los abandones, porque ellos pueden hacerse realidad...


No poseerás una varita mágica, pero sí algo mucho más valioso. Tienes el don de la palabra para hacer con él mágicos pañuelos de consuelo y amistad, para enjugar las lágrimas de los afligidos. Seguramente, nunca serás reina y, sin embargo, cuántos panes, cuántas maravillas podrías amasar con tus manos abiertas al milagro de dar, para ir tiñendo pintita a pintita el horrendo traje del fantasma del hambre con los colores de la esperanza y de la entrega.


Quizá nunca vivas en una cueva como lo haría la sabia bruja de tu sueño; pero en tu cabeza habita una mariposa que se llama inteligencia. ¿Qué más podrías desear? Ella puede enseñarte cómo aprender a curar y todo cuanto quieras saber. Si despiertas ese colibrí que vive en tu corazón, te revelará cómo prepara la poción del Amor, único remedio capaz de sanar los dolores más terribles: los del alma.


Tampoco tendrás las alas de un angelito, pero poseés tus propias alas, las de la libertad. Ellas no tienen precio ni medida porque te fueron dadas porque eres un ser humano.


Ahí reside el gran secreto. No pases las horas soñando con lo que harías si no fueras lo que eres. Es infinito lo que puedes realizar desde tu realidad, si quieres y utilizas al máximo y de la mejor manera posible esos dones maravillosos, como la palabra, tus manos, tu inteligencia y tu libertad, que recibiste por el sólo hecho de ser humana. El tiempo de ser y de hacer es ahora. ¡Adiós!"


Se colgó de la tela de araña en la que había llegado y desapareció.

El sendero que lleva al sol


Un día cuando se alejaban los pasos de la tarde cubriendo de plata el río y de violeta los montes, Quetzacóatl miró a sus hermanos y vió el espíritu de todos aquellos que le seguían.

Y con la voz que le
nacía del corazón dijo: Ha llegado el tiempo en que he de volver a la montaña. Mi voz ha fecundado el valle de la vida y ha sembrado de Luz muchos corazones. Que ellos ahora a su vez enciendan a la Luz a otros corazones.

Veo una gran Luz
en un horizonte no lejano donde se modelará el Hombre Nuevo. Se ha dicho muchas veces ya: Ama a tu prójimo como a tí mismo. Pero yo he visto que muy pocos se aman a sí mismos como para poder amar a su prójimo.

Yo les digo:
conózcanse a ustedes mismos para que puedan saber qué arreglarán de ustedes mismos en sus semejantes. Y así sabrán cómo deben hacer para Amar a su prójimo más que a ustedes mismos.

Mis pies están descalzos y mi voz está desnuda. No los
traten nunca de calzar ni de vestir. Si ustedes necesitan calzados y vestidos, tómenlos, mas nunca digan que son de Mí. Y se encaminó al sendero que llevaba a donde nace el sol. Xochitl, con sus grandes ojos negros lo seguía y lloraba porque nunca más lo volvería a ver.

Entonces Quetzacóatl se detuvo y mirándola a los ojos
le dijo: Ahora tú me cierras el camino con una cortina de lágrimas porque no conoces el Amor.

Quizás mañana tu
deseo me haga visitar tu vientre y tu Amor de madre me de un nuevo cuerpo para mirarme en el río de la vida. Y seguir caminando desde el valle a la montaña. Y volviéndose a todos les dijo en alta voz: No me añoren ni me llamen con palabras, ni me busquen entre las hojas de un libro.

Todo aquello que dije se
ha detenido en el tiempo y ustedes deben caminar. Vayan y prolónguenme al prolongarse. Es tan puro el viento que alimenta el pecho de aquél que lo golpea y le da vida.

Es tan pura el agua que da de beber a
aquél que la contamina. Ustedes son el viento y el agua y también el fuego y la tierra. ¿Acaso no son una parte consciente de todas las cosas? ¿Y qué son los demás, sino ustedes mismos en distintas circunstancias?

Entonces, ¿Qué rama hiere
a otra rama si sabe que todas juntas forman el mismo árbol? Descubran al Ser Perfecto que los habita y no se queden en la superficie de las cosas.

No hay nada malo ni nada bueno, porque nadie puede ser cortado con la misma medida ni pesado con el mismo peso. Cada uno hace su malo y su bueno para irse trascendiendo. Anden y se les abrirán los caminos. Hagan y se ampliará sus esperanzas.

Nunca estuvieron solos, ni se
les dejó solos. Abran los ojos y verán otros ojos. Abran las Manos y verán otras manos. Den los pasos y verán la compañía de muchos pasos. El árbol al que prodigan tantos cuidados puede pensar: Nadie cuida de mí, todos me dejan solo.

Porque sus
ojos no ven las manos de ustedes, ni su tacto siente al tacto de ustedes. Así les digo: Lo mismo les ocurre a ustedes. Sus jardineros están invisibles pero sus manos cuidan su Despertar.

Que todas sus ansias sean aladas para
hacerse alados y que todos sus trabajos sean para limpiar el Espíritu de Verdad que hay en ustedes. Porque ese es su fruto y así amanecerán conscientemente en el Todo Uno Santo.

Del libro: Así hablaba Quetzacoatl

Una historia de Navidad....


Como todos los años en estas fechas, Paulo Coelho me hace llegar por correo, un escrito dedicado a la Navidad, y cada ves que leo sus cuentos se me llena de alegria el corazon, esta ves quiero compartir con ustedes mis queridos lectores, este que recibi casualmente hoy....

Cuenta una antigua y conocida leyenda, cuyo origen no pude verificar, que
una semana antes de Navidad, el arcángel San Miguel pidió que sus ángeles visitasen la Tierra, pues deseaba saber si estaba todo listo para la celebración del nacimiento de
Jesucristo.

Los envió en parejas, siempre un ángel mayor con otro más joven, de manera
que pudiesen transmitirle una opinión más completa de lo que ocurría en la Cristiandad.

Una de estas parejas fue enviada a Brasil, y acabó llegando cuando ya era
muy de noche. Como no tenían dónde dormir, pidieron abrigo en una de las grandes
mansiones que pueden verse en ciertos lugares de Río de Janeiro.

El dueño de la casa, un noble al borde de la ruina (lo que, por lo demás,
ocurre con mucha gente que vive en esta ciudad), era un fervoroso católico, y reconoció de inmediato a los enviados celestiales por las aureolas doradas que se veían alrededor de sus cabezas.

Pero estaba muy ocupado preparando una gran fiesta para celebrar la Navidad, y
no quería estropear la decoración ya casi terminada: les pidió que fuesen a dormir al sótano.
Aunque las tarjetas navideñas están siempre ilustradas con nieve cayendo, la
fecha en Brasil cae en pleno verano.

En el sótano que se les indicó a los ángeles hacía un calor terrible y el aire, lleno de humedad, era casi irrespirable. Se tumbaron sobre un suelo duro, pero, antes de comenzar sus oraciones, el ángel de más edad se dio cuenta de que había una grieta en la pared. Se levantó, la arregló empleando sus poderes divinos, y volvió a sus oraciones nocturnas. Pasaron la noche como si se encontraran en el infierno, del calor que hacía.

Durmieron muy mal, pero tenían que cumplir la misión que Dios les había
encomendado. Al día siguiente, recorrieron la gran ciudad, con sus doce millones de
habitantes, sus playas y montañas, sus contrastes, sus bellos paisajes y sus rincones más horribles.

Rellenaron informes y, cuando empezó a caer la noche, partieron hacia el interior
del país. Sólo que, confundidos por la diferencia horaria, una vez más se encontraron sin lugar para dormir.

Llamaron a la puerta de una casa humilde, donde una pareja vino a recibirlos. Como no tenían acceso a los grabados medievales que retrataron a los mensajeros de Dios, no reconocieron a los dos peregrinos, pero afirmaron que, si necesitaban un lugar para pasar la noche, la casa era suya.

Prepararon una cena, les presentaron al pequeño bebé recién nacido, y les ofrecieron su propio cuarto, pidiendo disculpas porque eran pobres, el calor era grande, y no tenían dinero para comprar un aparato de aire acondicionado.

Cuando despertaron al día siguiente, encontraron al matrimonio bañado en
lágrimas. El único bien que poseían – una vaca que daba leche, queso y sustento para la familia – había aparecido muerta en el campo. Se despidieron de los peregrinos,
avergonzados porque no podían prepararles un desayuno.

Mientras caminaban por la carretera de barro, el ángel más joven manifestó
su disconformidad:
-¡No consigo entender esa manera de actuar! El primer hombre tenía todo lo
que necesitaba, y a pesar de eso lo ayudaste. ¡Y por esta pobre pareja, que nos recibió tan bien, no has hecho nada para aliviar su sufrimiento!

Las cosas no son lo que parecen – dijo el ángel más veterano -. Cuando
estábamos en aquel sótano horrible, me di cuenta de que había mucho oro almacenado en la pared de aquella mansión, escondido allí por un antiguo propietario.

Por la grieta se veía parte del tesoro, y decidí ocultarlo de nuevo, porque el dueño de la casa no sabía ayudar al que lo necesitaba.

»Ayer, mientras dormíamos en la cama que nos ofreció el matrimonio, noté
que un tercer invitado había llegado: el ángel de la muerte. Había sido enviado a aquella casa para llevarse a un niño, pero como lo conozco desde hace muchos años, conseguí convencerlo para que se llevara, en vez del niño, la vida de la vaca.

Acuérdate del día que estamos a punto de celebrar: como las personas dan
mucha importancia a la apariencia, nadie quiso recibir a María. Pero los pastores la
acogieron, y por esta razón, les fue concedida la gracia de ser los primeros en contemplar la sonrisa del Salvador del Mundo.

Paulo Coelho

La muerte en Samarra* [Cuento: Texto completo] Gabriel García Márquez (Adaptación)


El criado llega aterrorizado a casa de su amo.-Señor -dice- he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.


El amo le da un caballo y dinero, y le dice:-Huye a Samarra.


El criado huye.


Esa tarde, temprano, el señor se encuentra la Muerte en el mercado.-Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza -dice.-No era de amenaza -responde la Muerte- sino de sorpresa. Porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra, y esta misma tarde tengo que recogerlo allá.