Una Luz en el Sendero

Cada uno ha de recorrer solo su propio camino, pero podemos compartir algún tramo con otros que lleven nuestro mismo rumbo, hacernos compañía y ayudarnos un poco.

Por eso, porque camino como tú; porque me gustaría, si tú quieres, que me acompañes un trecho, he abierto esta ventana, donde poner en común reflexiones y vivencias.

La vida nos pertenece. Nada puede asustarnos. Caminamos. El camino de la serenidad.

No tengo los mapas, no sé dónde nos llevará el siguiente paso. Pero, juntos podemos buscar la mejor ruta.

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¿Vive el estúpido más tranquilo y feliz, ajeno a las preocupaciones del sabio?


"¡Por los dioses inmortales! Decidme, ¿Hay alguien más feliz que esos hombres a quienes las gentes llaman estultos, necios, imbéciles y tontos? 
Quizá a primera vista esto parezca absurdo y, sin embargo, es una gran verdad.
En primer lugar, estos se ven libres del miedo a la muerte, (…) no sienten remordimientos de conciencia; (…) no los turba el temor de los males que los amenazan, ni se hinchan de orgullo por la perspectiva de los bienes futuros; no conocen la vergüenza, ni el respeto, ni la ambición, ni la envidia; en una palabra, no los consumen las mil y mil preocupaciones que atormentan la vida."


Lo escribió Erasmo de Rotterdam en su sátira "El elogio de la locura", y pese a todo, nos da algunas cuestiones para pensar.

¿Es la sabiduría un arma de doble filo? ¿Vive el estúpido más tranquilo y feliz, ajeno a las preocupaciones del sabio?


Una niña


Esta niña bella con la inocencia propia de sus escasos años, con un brillo sano y curioso en la mirada, con movimientos vivos y ágiles, naturales en su cuerpecito.  

Le vi caminar hurgando con su mirada en todas direcciones tratando de descubrir el secreto que duerme detrás de las apariencias.

El amor se ha vuelto un objeto esquivo


La tormenta, aire, tierra y agua. 
Todo. 
El mundo se va ahogar. 

Aprieta con fuerza el tazón de té caliente, echada en el cómodo sillón de su salita de estar, en esa casa vacía que la cobija.

El atardecer irradiaba tal luz que parecía inventarle una tristeza inusual, con la exaltación que a pesar de lo que le dicta su conciencia la esta desentumeciendo.

¡Cuan ruidoso es el baile del viento! ¡Qué energéticas sus piruetas de saltimbanqui!

En las pupilas de los niños.


Las verdaderas imágenes que se dibujan en los celestiales del universo, con un solo click, aparecen como en un carrousel en las pupilas de los niños. Sólo hay que saber hacer click y saber ver en el interior de esas pupilas.



Como a veces los grandes solemos andar muy ocupados en cosas serias, y por lo general inútiles para la vida, hagamos el camino a la inversa. Tal vez desde estas imágenes astronómicas que reflejan cada día las gigantescas coordenadas sobre las que se sostiene el universo todo, podamos aprender a descubrir en ellas, las pupilas de los niños.



Las que están cerca de nosotros, las que están lejanas, las que no logran abrirse al diámetro de la vida, las que son ofuscadas de tanta tristeza, las que nunca han visto el mar, ni el color de los ojos de la madre. Las que ríen de asombro, las que se esparcen por el mundo tiñendo de alegría los planetas.



Tal vez allí comencemos de nuevo a leer el libro de la vida y a sembrar en nuestros ojos el porvenir, que ya está escrito en ellas.

Despertar Interno


Esta pintura a pesar de contener una sola figura y, además, desnuda, no nos produce sensación de soledad ni de desamparo, sino de armonía con el todo que la envuelve y la arropa y hasta la arrulla y la alimenta: el sol la acaricia, el agua refresca sus pies, la arena se somete a su pisada, el cielo sonríe en mil colores, el faro la alumbra y ella va dejando tras sí sus huellas que otros podrán seguir. 

Y el camino que le falta por recorrer está despejado, porque la armonía lograda despeja siempre el resto del Sendero.

En honor a ese despertar interno, esta pintura nos muestra a una mujer que pasea al anochecer por una playa serena, en un mar calmo de emociones, caminando al atardecer, despojada de la vida material (por eso semi desnuda), con una túnica de velos violeta, el color de la transmutación, y siguiendo el camino que ilumina el Cristo (Faro). Las huellas son de su ángel guardián que no la deja sola.

Libre albedrio


Somos niños, colocados sobre los raíles de la vida y hemos de caminar por ellos. Pero esos raíles están llenos de bifurcaciones – en realidad la vida es una ininterrumpida elección entre varias posibilidades – y el tren de los acontecimientos - sobre todo los karmicos - se aproxima continuamente y, si no acertamos en la elección - permanente elección - la vía nos llevará adonde no queríamos aunque, en realidad, aún no sabemos - somos niños - adónde debemos ir.