La tormenta, aire, tierra y agua.
Todo.
El mundo se va ahogar.
Aprieta con fuerza el tazón de té caliente, echada en el cómodo sillón de su salita de estar, en esa casa vacía que la cobija.
El atardecer irradiaba tal luz que parecía inventarle una tristeza inusual, con la exaltación que a pesar de lo que le dicta su conciencia la esta desentumeciendo.
¡Cuan ruidoso es el baile del viento! ¡Qué energéticas sus piruetas de saltimbanqui!
















