Una Luz en el Sendero

Cada uno ha de recorrer solo su propio camino, pero podemos compartir algún tramo con otros que lleven nuestro mismo rumbo, hacernos compañía y ayudarnos un poco.

Por eso, porque camino como tú; porque me gustaría, si tú quieres, que me acompañes un trecho, he abierto esta ventana, donde poner en común reflexiones y vivencias.

La vida nos pertenece. Nada puede asustarnos. Caminamos. El camino de la serenidad.

No tengo los mapas, no sé dónde nos llevará el siguiente paso. Pero, juntos podemos buscar la mejor ruta.

...Ya casi terminando el año..



Es bueno terminar el año estirando una vez más los músculos del alma para ver si alcanzamos esa soñada perfección a la que presumiblemente estamos destinados y, mientras tanto, aceptar con alegría todas las pruebas que nos depare el Destino para demostrar así nuestra fortaleza y nuestra capacidad de evolucionar hacia aquello que nos llama con todas las voces, con todos los nombres, con todas sus formas, con todos sus misterios.

Todavía nos falta presenciar el más fantástico de los fenómenos parapsicológicos: el del hombre liberado a pesar de sus cadenas, el del alma que busca su destino a pesar de la capa de materia que la aplasta, el de la Verdad siempre renovada surgiendo de entre dudas y mentiras, como ave fénix que encuentra en las cenizas el símbolo de la propia reconstrucción.

LA PUERTA CERRADA, un cuento de Edmundo Paz Soldán (Bolivia, 1967)


Acabamos de enterrar a papá. Fue una ceremonia majestuosa; bajo un cielo azul salpicado de hilos de plata, en la calurosa tarde de este verano agobiador. 

El cura ofició una misa conmovedora frente al lujoso ataúd de caoba y, mientras nos refrescaba a todos con agua bendita, nos convenció una vez más de que la verdadera vida recién comienza después de ésta. 

Personalidades del lugar dejaron guirnaldas de flores frescas a los pies del ataúd y, secándose el rostro con pañuelos perfumados, pronunciaron aburridos discursos, destacando lo bueno y desprendido que había sido papá con los vecinos, el ejemplo de amor y abnegación que había sido para su esposa y sus hijos, las incontables cosas que había hecho por el desarrollo del pueblo. 

Una banda tocó “La media vuelta”, el bolero favorito de papá: Te vas porque yo quiero que te vayas, / a la hora que yo quiera te detengo, / yo sé que mi cariño te hace falta, / porque quieras o no yo soy tu dueño. Mamá lloraba, los hermanos de papá lloraban. Sólo mi hermana no lloraba. Tenía un jazmín en la mano y lo olía con aire ausente. 

Con su vestido negro de una pieza y la larga cabellera castaña recogida en un moño, era la sobriedad encarnada.
Pero ayer por la mañana María tenía un aspecto muy diferente.
Yo la vi, por la puerta entreabierta de su cuarto, empuñar el cuchillo para destazar cerdos con la mano que ahora oprime un jazmín, e incrustarlo con saña en el estómago de papá, una y otra vez, hasta que sus entrañas comenzaron a salírsele y él se desplomó al suelo. 

Luego, María dio unos pasos como sonámbula, se dirigió a tientas a la cama, se echó en ella, todavía con el cuchillo en la mano, lloró como lo hacen los niños, con tanta angustia y desesperación que uno cree que acaban de ver un fantasma. 

Esa fue la única vez que la he visto llorar. Me acerqué a ella y la consolé diciéndole que no se preocupara, que estaría allí para protegerla. Le quité el cuchillo y fui a tirarlo al río.
María mató a papá porque él jamás respetó la puerta cerrada. Él ingresaba al cuarto de ella cuando mamá iba al mercado por la mañana, o a veces, en las tardes, cuando mamá iba a visitar a unas amigas, o, en las noches, después de asegurarse de que mamá estaba profundamente dormida. 

Desde mi cuarto, yo los oía. Oía que ella le decía que la puerta de su cuarto estaba cerrada para él, que le pesaría si él continuaba sin respetar esa decisión. 

Así sucedió lo que sucedió. María, poco a poco, se fue armando de valor, hasta que, un día, el cuchillo para destazar cerdos se convirtió en la única opción.
Acaso todos los habitantes del pueblo sepan lo que yo sé, o más, o menos. Acaso. Pero no podré saberlo con seguridad mientras no hablen. Y lo más probable es que lo hagan sólo después de que a algún borracho se le ocurra abrir la boca. Alguien será el primero en hablar, pero ése no seré yo, porque no quiero revelar lo que sé. No quiero que María, de regreso a casa con mamá y conmigo, mordiendo el jazmín y con la frente húmeda por el calor de este verano que no nos da sosiego, decida, como lo hizo antes con papá, cerrarme la puerta de su cuarto.

La kabbalah, una ciencia espiritual para comprender la vida



La Kabbalah se centra en ser cada día mejores personas, permanecer conectados con nosotros mismos, estar conscientes de la vida y dejar de actuar como si fuéramos robots o máquinas siguiendo un patrón de conducta. A través de su milenaria sabiduría, esta práctica nos permite pensar en el futuro y dejar de lado el pasado.

Si hiciéramos una retrospección a lo que ha ocurrido en nuestra vida es probable que nos demos cuenta que sólo trabajamos para acumular y acumular cosas materiales y que siempre hay algo que nos impide la plenitud. 


¿Qué estamos haciendo mal? 

Esta pregunta ronda en la mente de los que se sienten insatisfechos por sus logros o bien vacíos porque creen que nunca hallarán la felicidad completa.

Una manera para abrir nuestra consciencia y estar más atentos a los que nos rodea es capturar lo que la vida nos brinda, trabajar por un verdadero crecimiento en lo espiritual. 

¿Cómo se puede lograr esto? 

A través del aprendizaje de la Kabbalah, una sabiduría casi tan antigua como el hombre, la cuál fue revelada por Abraham y que entrega los conocimientos necesarios para "desarrollar la capacidad para ver", así como también conectarnos con la vida que deseamos.

Se dice, que este conocimiento se denomina "ciencia espiritual" y proviene del hebreo "lekabel", que quiere decir "recibir" y que se usa para otros términos. Uno de ellos es el vocablo "paralelo", que explicaría la razón por la que no sólo es preciso recibir sino también comprender cómo funciona lo que sucede a nuestro lado y no lo vemos, como es el caso de los mundos superiores.
Las enseñanzas de la Kabbalah se basan en varios libros. Los dos más importantes son el Sefer Yetzirah (de formación) y el Zohar (el texto base de todo practicante). Para poder comprender esta doctrina, también llamada ciencia, necesitamos toda la vida, ya que se trata de algo verdaderamente extenso, incluyendo varios campos de aplicación.

En algunos casos, los seres humanos "normales" no pueden alcanzar dichos conocimientos por ser demasiado complejos. Sin embargo, existen otros que se enseñan popularmente, con un lenguaje coloquial para poder ser comprendido por todos aquellos que lo desean. Esto se puede luego aplicar a la vida cotidiana. Se denomina a esta actividad como una filosofía cuántica, que se basa en terminologías kabbalísticas.


Tal vez sea difícil de razonar, pero la idea, es entender la Kabbalah como una enseñanza, un modo de vida. Aquello que vemos representa solamente el 1% de nuestra realidad, por eso es que muchos piensan que su existencia no tiene sentido o carece de causalidad. ¿La razón? La limitada capacidad que poseemos los seres humanos para ver el 99% restante de la realidad, donde están todas las cosas que nos hacen falta, es decir, la fuerza vital que ayuda a disfrutar de una vida plena.

La Kabbalah no es ni una sabiduría popular, ni una religión, ni un culto ni una secta.

La Kabbalah enseña, básicamente, cómo ser mejor ser humano. Se plantea cuál es la forma correcta o acertada para "recibir luz", la herramienta que permite poder desenvolverse en paz en el mundo donde vive. No hay muchas reglas para seguir, sólo tener la voluntad de cambiar y aprender.

Se enseña, por ejemplo, que la forma en que dormimos es la que determina cómo será tu próximo día. Así, si nos acostamos tristes, de mal humor, ansiosos o felices, de esta misma forma nos levantaremos por la mañana. Es preciso "sembrar una semilla" para que germine durante la noche y la siguiente jornada se desarrolle en calma, sea beneficiosa y productiva.












El poder de la resiliencia



Carl Gustav Jung nos explicó en su libro "Símbolos de transformación" que el ser humano y el ave Fénix tienen muchas similitudes. Esa emblemática criatura de fuego capaz de elevarse majestuosamente desde las cenizas de su propia destrucción, simboliza también el poder de la resiliencia, esa capacidad inigualable donde renovarnos en seres mucho más fuertes, valientes y luminosos.

Si hay un mito que ha nutrido prácticamente todas las doctrinas, culturas y raíces legendarias de nuestros países es sin duda ese que hace referencia al ave Fénix. Se decía de él que sus lágrimas eran curativas, que tenía una gran resistencia física, control sobre el fuego y una sabiduría infinita. Era, en esencia, uno de los arquetipos más poderosos para Jung, porque en su fuego se contenía tanto la creación como la destrucción, la vida y la muerte…

"El hombre que se levanta, es aún más fuerte que el que no ha caído"
-Viktor Frankl-

Viktor Frankl, neuropsiquiatra y fundador de la logoterapia, sobrevivió a la tortura de los campos de concentración. Tal y como él mismo explicó en muchos de sus libros, una experiencia traumática siempre es negativa, sin embargo, lo que suceda a partir de ella depende de cada persona. En nuestra mano está alzarnos de nuevo, cobrar vida una vez más a partir de nuestras cenizas en un triunfo sin igual o por el contrario, limitarnos a vegetar, a derrumbarnos…

Esta capacidad admirable por renovarnos, por recobrar el aliento, las ganas y las fortalezas a partir de nuestras miserias y cristales rotos pasa primero por una fase realmente oscura que muchos habrán vivido sin duda en piel propia: hablamos de la "muerte". 

Cuando atravesamos un momento traumático todos "morimos un poco", todos dejamos ir una parte de nosotros mismos que ya no volverá, que ya nunca será igual.

De hecho, Carl Gustav Jung establece nuestra similitud con el ave Fénix porque también esta criatura fantástica muere, también él propicia las condiciones necesarias para fallecer porque sabe que de sus propios restos emergerá una versión de sí misma mucho más mejorada y poderosa.


El verdadero significado de ser mujer



En un mundo donde todo tiene etiqueta y marca ¿qué significa ser una buena mujer?
A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a diferentes situaciones que nos ponen a prueba como seres humanos. Nuestras fortalezas, debilidades, miedos y virtudes quedan expuestas según los obstáculos que surgen en el camino de la vida.

Son a través de esas mismas pruebas que llegamos a conocernos a nosotras mismas y que decidimos bajo qué creencias queremos vivir y las cosas que queremos lograr en el tiempo que tenemos en la tierra, que no siempre es largo y que por lo tanto deberíamos aprovechar al máximo.

Pero aún sabiendo la brevedad de nuestra existencia, decidimos desperdiciar los momentos más importantes prestando atención a detalles insignificantes que nos restan felicidad, serenidad y sabiduría. Nos dejamos llevar por las frivolidades del mundo moderno y poco a poco perdemos el sentido de nuestra propia identidad.

Ser mujer tiene mucho que ver con esa confusión de lo que deberíamos ser, con el peso del deber y el cumplimiento de las reglas impuestas que no siempre operan a nuestro favor.

Las mujeres de hoy vivimos atrapadas entre lo que se nos enseñó que somos y lo que cada quien piensa que es, una confusión que se resume a los detalles más banales.

Ser mujer es mucho más que una simple definición de lo "femenino", es ir más allá de un cuerpo, un rostro, un vientre capaz de procrear, categorías que podemos ocupar si así lo deseamos, pero que muchas veces también nos encierran y nos limitan.

Si no luces de cierta forma, entonces no eres tan mujer como otras. Si no tienes hijos, rechazas tu deber natural, si no te casas, si no sirves al hombre, si no eres sumisa, tranquila, llena de gracia, étc, étc, étc.

Hablamos todos los días de las cualidades que tienen las mujeres buenas, pero jamás se nos ocurre echar un vistazo a lo que llevamos dentro, a lo que cada quien quiere, a lo que cada quien busca. Ser mujer va mucho más allá de lucir como tal o de hacer lo que nuestra madre nos dijo que teníamos que hacer. No es llevar cabello largo y tener piel perfecta, no es el cuerpo ni la debilidad, no es ser el complemento del hombre.

Ser mujer es tener libre elección de tomar el camino que mejor se nos acomode, es reconocer que más allá de un género somo seres humanos inteligentes, conscientes, capaces y sensibles, cuya única misión en la vida es hacer de nuestra existencia una virtud.

No venimos al mundo a sufrir porque no somos tan esbeltas como las modelos de la tele o porque un hombre de tantos decidió no querernos. No estamos aquí para recibir ni tolerar abusos, maltratos, muerte, humillación, estamos aquí porque la única cosa que verdaderamente importa es la contribución que podemos hacer para que este mundo sea un poco mejor, aunque todo nos indique lo contrario.

Si algo tengo claro es que no puedo cambiar el pensamiento ajeno, no estoy aquí para decirte lo que debes o no debes hacer, lo que una mujer debería cumplir para ser considerada tal.

Solo estoy aquí para tomar mis propias decisiones y poner a prueba mis capacidades, aprender, crecer, mejorar y servir al bien común, sin limitarme a mi misma como agua en un vaso. Ser mujer es un privilegio y también una responsabilidad muy grande, porque de nosotras depende que un día se nos trate sin distinción, que se nos respete sin condicionar.

Para mi, ser mujer es vivir sin miedos y es una tarea en la que trabajo todos los días. 

Intuición...Este saber que se expresa sin que sepamos que lo sabemos.


La intuición ha sido motivo de apasionadas discusiones en diferentes campos del conocimiento. Ha sido protagonista de innumerables decisiones políticas, al igual que de incontables descubrimientos científicos. Sin embargo, cuando logramos resolver un problema de manera intuitiva, para muchos se explica como un simple destello en la mente, como un conjunto de coincidencias azarosas.

Por lo general, la intuición es vista como algo que está bajo un velo de misterio. Esto se debe a que se trata de una forma de percepción que nos permite acceder a conocimientos, pero no sabemos cómo se origina. Nos permite notar lo que antes había pasado desapercibido. Incluso, hacernos conscientes de algo que no desconocíamos, pero lo habíamos olvidado.

Todos en algún momento de nuestras vidas, hemos experimentado instantes de comprensión intuitiva. Por lo general, los desechamos, por carecer de lógica y dudamos que tengan algún fundamento convincente. Sin embargo, aunque no exista una definición exacta para la intuición, eso en ningún momento significa que no exista.


Este saber que se expresa sin que sepamos que lo sabemos. Requiere de una integración equilibrada entre mente y corazón. Podemos hacer lo que nuestra intuición nos indica y en ese proceso de experimentación, a partir del ensayo y error, aprender a ser mayormente intuitivos. Es vital explorar el silencio a la hora de querer estar conectados con nosotros mismos para dejar fluir la mente intuitiva.

La intuición hace que emerja el entendimiento, en torno a cual podría ser nuestro sendero a seguir. Encontrar el sentido verdadero de las cosas y la naturaleza profunda de la mente. Nos permite reconocer, aprender y experimentar la verdad. Hay que entrenar la atención, si queremos desarrollar nuestra intuición.
Las experiencias previas asociadas a un sentimiento, son lo que influye en las decisiones que tomamos intuitivamente. Dicho proceso se da de manera inconsciente y tiene variables que dependen de la personalidad y creencias de cada individuo. Por este motivo es que encontramos sujetos más intuitivos que otros. Aunque buena parte del mundo de la intuición sigue siendo un enigma, experimentalmente es claro que se trata de una realidad que opera cotidianamente. 

Dave Eggers, El Círculo


El escritor cuestiona en la novela "El Círculo" los valores de una sociedad atada por las redes sociales y coloca Internet en el centro de una pesadilla totalitaria

Acabo de leer, El Circulo de Dave Eggers, un libro que te absorbe y no puedes dejar de leer...De esta obra se pueden extraer muchas reflexiones sobre las redes sociales, los límites personales, el trabajo y la obsesión, el totalitarismo, la ambición, la intimidad vs. la transparencia y, fundamentalmente, sobre la libertad. La libertad de compartir o no lo que te apetezca con los demás, definir los propios términos de tu existencia y saber decir basta.

El círculo es una de esas historias que empieza muy bien y que sabes que, en lo referente a los personajes, sabes que va a terminar en catástrofe, y aun así no puedes dejar de mirar. Mae Holland ha encontrado el trabajo de su vida, gracias a un contacto (niños, hay que tener amigos hasta en el infierno) consigue un puesto de trabajo en una codiciadísima empresa que nadie sabe muy bien lo que hacen pero que todo el mundo conoce: El Círculo. Poco a poco empieza a conocer su funcionamiento y a socializar con los compañeros, y ahí empieza lo bueno.

Al principio Mae va atendiendo llamadas estilo "Atención al cliente", después entra en un primer nivel de la red social de la empresa donde sus jefes más directos le dejan mensajes, a continuación entra en un segundo nivel donde puede hablar con todos los trabajadores de la empresa, luego hay un tercer nivel en el que... bueno, creo que ya se pueden ver por dónde van a ir los tiros. 

El Círculo es todo y todo es el Círculo. Poco a poco, y sin darse cuenta, Mae va cediendo a la presión de grupo y participando en todas las redes a las que tiene acceso, su vida es un libro abierto y el lema es "si has hecho algo y no lo has publicado en algún sitio, no existe". La vida online es lo importante y lo único que hay que cuidar. A primera vista eso no dista mucho del conocido Facebook, Instagram, etc, donde la gente publica (por poner un ejemplo cualquiera) fotos de cada migaja de pan que se come, pero en El círculo todo esto llega a otro nivel. A un nivel extremadamente peligroso y agobiante, a un nivel lavado de cerebro y secado al sol.

En las páginas de este libro nos veremos irremediablemente absorbidos por una espiral descendiente de autodestrucción y de pérdida de identidad propia donde la opinión de los demás y la ausencia de privacidad dominarán el día a día. 

Realmente el autor ha hecho una labor impresionante consiguiendo que pasemos de algo considerado normal hoy en día hasta un punto límite y que esa transición no parezca ni brusca ni forzada. Sin apenas darte cuenta pasas de un extremo a otro y llega a parecer hasta lógico y coherente. Da auténtico pavor pensar que, dentro de un futuro no muy lejano, no es una idea tan descabellada que la realidad termine siendo tal y como él la presenta, después de todo... si nosotros mismos vamos pregonando nuestra vida privada por ahí, ¿qué tiene de privada exactamente?
Los secretos son mentiras.
Compartir es querer.
La privacidad es un robo. 

Lógicamente además de Mae aparecen un cierto número de personajes que le dan más peso a la historia, tanto a favor como en contra de El Círculo, y ese contraste hace que el libro sea todavía más interesante. Después de todo, si nos pintaran la idea como algo bonito y maravilloso perdería bastante el lado crítico del asunto. Lo dicho, es una catástrofe a punto de suceder y es imposible no mirar. También es más que curioso los distintos elementos que van apareciendo, las creaciones y el aprovechamiento que se puede hacer de las redes sociales con unos u otros objetivos y ver que, pase lo que pase, al ser humano siempre le interesa lo mismo, el chismorreo y llamar la atención.



Como al mundo lo miremos nos mirara él día a día,....


Como al mundo lo miremos nos mirara él día a día, creo que debemos cambiar la mirada y el entorno podrá ser diferente.
J.C.

A menudo, pensamos que la vida es quien nos gobierna y no nosotros a ella, sin embargo, se puede elegir una vida o, al menos, una forma de llevarla adelante, una forma de mirar, de andar por nuestras situaciones, de aprender de todo, incluso de nosotros mismos. 

Y si aún no sabemos donde está ese "nosotros mismos", quizás sea porque estamos acostumbrados a no atendernos, o a darnos siempre la misma respuesta: "sería bonito, pero no es posible".
Probablemente, este sea el gran tema del filósofo, del cotidiano y del gran pensador: conocer cada vez más "verdades" para aplicarlas a nuestro modo de vivir. 

Cada respuesta que encontramos nos modifica irremediablemente. Y ya que todo conocimiento nos afecta, la clave puede estar en saberlo.

Cuantas más personas lo consigan, más cerca estaremos de un mundo diferente.

La leyenda de los"Ahora"


Vivir pensando en el siguiente momento, vivir conectado al "tengo que" o "debo de", vivir desconectado de uno mismo o de todo lo que me rodea. 


Párate, mira, siente, estás aquí y ahora, disfrútalo. 

Cuenta la leyenda de los Ahoras, que hace muchas épocas los humanos caminaban y vivían junto a unos pájaros llamados "Ahora". Permanecían junto a ellos día a día con su canto en sus cabezas y su plumaje junto a sus cuerpos.

Cada vez que los humanos veían un paisaje bonito, conversaban con alguien o sentían algo especial el ahora les daba un picotazo en la cabeza y cantaba, entonces las personas tomaban consciencia de ese momento y guardaban el recuerdo. Disfrutaban el presente y eran felices.

Los Ahoras se alimentaban de las emociones que aquellos momentos causaban y conseguían que los humanos, a los que acompañaban, disfrutaran de vidas más intensas, a pesar de no tener pantallas con grandes resoluciones y un montón de colores. 

Así, llegó un día en el que algo cambió y las personas empezaron a convivir con otras aves, una de plumaje negro (el antes) y otra de plumaje blanco (el después).

Poco a poco los pájaros Ahora fueron perdiendo su canto y sus susurros hasta quedar sin apenas voz. Los momentos de consciencia se fueron perdiendo. Pero la leyenda no acaba aquí, aunque los Ahoras no revoloteen a nuestro alrededor o su canto haya perdido fuerza, siguen viviendo en cada uno de nosotros, esperando que nos hagamos conscientes de cada momento que sentimos y disfrutamos.

"Algunos dicen que si cerramos los ojos, respiramos hondo y sonreímos podremos sentir en el corazón y en la mente, el canto y el picotazo de los Ahora".


Relato: Oscar Soria. 




                                         

Todos y cada uno de los libros que habitan en las profundidades de tu cerebro

 

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora".
-Proverbio hindú-

Decía Jorge Luis Borges que el Paraíso debía ser algo así como una gran e infinita biblioteca. Una imagen idílica en la que sin duda estaremos de acuerdo todos aquellos que vemos en el saludable ejercicio de la lectura un ritual cotidiano del cual nutrirnos para sobrevivir, para avanzar, para aprender y a su vez, ser un poco más libres.

Entre el baúl de nuestros recuerdos infantiles más significativos se hallan, a menudo, esos títulos y esas novelas que, de algún modo, marcaron en nuestra vida un antes y un después. Pocas veces volveremos a experimentar con tanta intensidad, regocijo y deleite la lectura de aquellas tempranas lecturas que tanto nos inspiraron.

Esa incursión temprana al mundo de la fantasía, a los bosques del misterio, los mares de aventuras o a esos universos orlados por la magia, se incrustan palabra a palabra e imagen a imagen en los recovecos más profundos de nuestro cerebro emocional para determinar gran parte de lo que nos define en la actualidad. Somos por tanto, gran parte de todo aquello que no hemos visto con los ojos pero que sí hemos sentido con el corazón y trazado en nuestra mente con las velas de la imaginación y los remos de un confín letras…

Los universitarios habituados a leer desde la infancia presentan puntuaciones mucho más altas en pensamiento crítico, creatividad, reflexión, metacognición y expresión escrita… Sin embargo, algo que se está viendo en la actualidad es que nuestros jóvenes de hoy en día leen, pero no practican lo que se conoce como "lectura profunda".

La lectura profunda se define como ese proceso delicado, lento y envolvente donde nos sumergimos por completo en aquello que leemos sin prisas, sin presiones externas ni necesidad alguna por precipitarnos o adelantar acontecimientos con el paso de las páginas. Es esa capacidad excepcional mediante la cual "hacernos uno" con el libro captando la riqueza del texto, hasta llegar a un punto donde la simple decodificación de las palabras nos permite llegar a un plano sensorial y emocional.

A través de la lectura profunda captamos también los detalles del texto, el goce de la narrativa y la habilidad del escritor. Sin embargo, y aquí llega lo más interesante, según nos explican los expertos este tipo de lectura genera en nuestro cerebro un proceso asombroso: lo sincroniza. Por ejemplo, los centros cerebrales asociados al habla, a la visión y la audición se sintonizan con la lectura profunda.

Todos estos procesos y muchos más generan una cadencia impresionante donde la lectura profunda nos provoca todo un carrusel de sensaciones y emociones que dejan huella permanente en nuestro cerebro.

Es algo sensacional....