Una historia de Navidad....


Como todos los años en estas fechas, Paulo Coelho me hace llegar por correo, un escrito dedicado a la Navidad, y cada ves que leo sus cuentos se me llena de alegria el corazon, esta ves quiero compartir con ustedes mis queridos lectores, este que recibi casualmente hoy....

Cuenta una antigua y conocida leyenda, cuyo origen no pude verificar, que
una semana antes de Navidad, el arcángel San Miguel pidió que sus ángeles visitasen la Tierra, pues deseaba saber si estaba todo listo para la celebración del nacimiento de
Jesucristo.

Los envió en parejas, siempre un ángel mayor con otro más joven, de manera
que pudiesen transmitirle una opinión más completa de lo que ocurría en la Cristiandad.

Una de estas parejas fue enviada a Brasil, y acabó llegando cuando ya era
muy de noche. Como no tenían dónde dormir, pidieron abrigo en una de las grandes
mansiones que pueden verse en ciertos lugares de Río de Janeiro.

El dueño de la casa, un noble al borde de la ruina (lo que, por lo demás,
ocurre con mucha gente que vive en esta ciudad), era un fervoroso católico, y reconoció de inmediato a los enviados celestiales por las aureolas doradas que se veían alrededor de sus cabezas.

Pero estaba muy ocupado preparando una gran fiesta para celebrar la Navidad, y
no quería estropear la decoración ya casi terminada: les pidió que fuesen a dormir al sótano.
Aunque las tarjetas navideñas están siempre ilustradas con nieve cayendo, la
fecha en Brasil cae en pleno verano.

En el sótano que se les indicó a los ángeles hacía un calor terrible y el aire, lleno de humedad, era casi irrespirable. Se tumbaron sobre un suelo duro, pero, antes de comenzar sus oraciones, el ángel de más edad se dio cuenta de que había una grieta en la pared. Se levantó, la arregló empleando sus poderes divinos, y volvió a sus oraciones nocturnas. Pasaron la noche como si se encontraran en el infierno, del calor que hacía.

Durmieron muy mal, pero tenían que cumplir la misión que Dios les había
encomendado. Al día siguiente, recorrieron la gran ciudad, con sus doce millones de
habitantes, sus playas y montañas, sus contrastes, sus bellos paisajes y sus rincones más horribles.

Rellenaron informes y, cuando empezó a caer la noche, partieron hacia el interior
del país. Sólo que, confundidos por la diferencia horaria, una vez más se encontraron sin lugar para dormir.

Llamaron a la puerta de una casa humilde, donde una pareja vino a recibirlos. Como no tenían acceso a los grabados medievales que retrataron a los mensajeros de Dios, no reconocieron a los dos peregrinos, pero afirmaron que, si necesitaban un lugar para pasar la noche, la casa era suya.

Prepararon una cena, les presentaron al pequeño bebé recién nacido, y les ofrecieron su propio cuarto, pidiendo disculpas porque eran pobres, el calor era grande, y no tenían dinero para comprar un aparato de aire acondicionado.

Cuando despertaron al día siguiente, encontraron al matrimonio bañado en
lágrimas. El único bien que poseían – una vaca que daba leche, queso y sustento para la familia – había aparecido muerta en el campo. Se despidieron de los peregrinos,
avergonzados porque no podían prepararles un desayuno.

Mientras caminaban por la carretera de barro, el ángel más joven manifestó
su disconformidad:
-¡No consigo entender esa manera de actuar! El primer hombre tenía todo lo
que necesitaba, y a pesar de eso lo ayudaste. ¡Y por esta pobre pareja, que nos recibió tan bien, no has hecho nada para aliviar su sufrimiento!

Las cosas no son lo que parecen – dijo el ángel más veterano -. Cuando
estábamos en aquel sótano horrible, me di cuenta de que había mucho oro almacenado en la pared de aquella mansión, escondido allí por un antiguo propietario.

Por la grieta se veía parte del tesoro, y decidí ocultarlo de nuevo, porque el dueño de la casa no sabía ayudar al que lo necesitaba.

»Ayer, mientras dormíamos en la cama que nos ofreció el matrimonio, noté
que un tercer invitado había llegado: el ángel de la muerte. Había sido enviado a aquella casa para llevarse a un niño, pero como lo conozco desde hace muchos años, conseguí convencerlo para que se llevara, en vez del niño, la vida de la vaca.

Acuérdate del día que estamos a punto de celebrar: como las personas dan
mucha importancia a la apariencia, nadie quiso recibir a María. Pero los pastores la
acogieron, y por esta razón, les fue concedida la gracia de ser los primeros en contemplar la sonrisa del Salvador del Mundo.

Paulo Coelho

10 comentarios:

Antiqva dijo...

Amiga, te deseo que seas feliz estos proximos dias, el proximo año que se acerca y siempre, por supuesto.

Recibe un fuerte abrazo, Janeth

Winding Moon dijo...

Las cosas no son lo que parecen, aquí una muestra clara. Antes de juzgar, dale una oportunidad a la gente de que se explique. Es curioso como los más ricos son los que menos dan y los que no tienen casi nada hacen todo por ayudar. Deberíamos aprender a ser como ellos. La humildad no se debería perder ni por todo el oro del mundo.

Un abrazo y feliz navidaad!

Alodia dijo...

¡Feliz Navidad! también para ti, mi querida amiga y gracias por regalarnos el cuento tan maravilloso de Paulo Coelho. Un beso muy grande.

Janeth dijo...

Antiqva:

Felicidades en estas Fiestas!... con el deseo de que esa Noche de Paz sea tan sólo el comienzo de un Año pleno de éxitos!

Janeth dijo...

Winding, es verdad y se ve siempre en casos de desastre, los que mas se solidarizan son los pobres que dan lo poco que tienen al que lo a perdido todo,... gracias amiga por estar, me da mucho placer saludarte...

Janeth dijo...

Alodia amiga querida gracias por estar, que esta Navidad sea de dicha, amor y felicidad para todas las personas del mundo; que el amor, la paz y la gloria de Dios reine en nuestros hogares y llene de bendiciones el Año Nuevo que está por comenzar.

Que el niño Jesús, nazca en tu corazón y te llene de amor, alegría esperanza y paz ¡¡¡Felicidades!!!

pepi viedma dijo...

Menos es más!!! está es la conclusión que extraigo de este precioso cuento. El afán de poseer nos convierte en mendigos de nuestra propia avaricia. Si actuamos desde el corazón, con un grano de arroz podemos alimentar al mundo. Gracias Janeth. Un besito.

Janeth dijo...

Asi es mi querida Pepi el amor y el poder de entrega siempre es mas, que aquel que se da por apariencia para que los demas vean, eso es mesquino y patetico, la entrega desinteresada, aquello que se da sin esperar recibir nada, solo por el placer de dar, ese altruismo que muy pocos tienen desfaborablemente, pero que si existe ese es el que tiene valor,...y mucho....

Angelina O dijo...

Gracias querida amiga por compartir un cuento de tanta belleza y sabiduría. Ha sido un precioso regalo de Navidad.

Gracias y un fuerte abrazo

Janeth dijo...

Gracias Angelina, estoy muy feliz que lo veas asi, Que lindas palabras siempre tienes para ofrecer, te quiero mucho y deseo para ti unas lindas fiestas de fin de año, que la luz del Padre te proteja
Paz en ti
Janeth