Vamos a recordar un viejo cuento chino


Vamos a recordar un viejo cuento chino de un maestro y un discípulo. 

El maestro le enseña al discípulo que nada puede crearse verdaderamente, que tenemos esquemas que estamos reutilizando. 

El discípulo, que es muy joven, le dice al maestro: -No, maestro, la verdad es que podemos crear, nosotros tenemos capacidad para crear formas nuevas, bueno, podemos crear algo nuevo. 

El maestro le dice: -Bueno, créame algo, y el discípulo dice: -Voy a crear un dragón. -Muy bien, le dice el maestro, a ver, ¿cómo es el dragón? -Bueno, el dragón tiene garras de tigre, el dragón tiene alas de águila, el dragón tiene caparazón de tortuga, el dragón... ¿No te das cuenta? Aparentemente está creando, pero no, está tomando elementos conocidos, combinándolos de manera nueva, y piensa que está creando algo. 

Lo mismo pasa en todos los factores de la vida. Cuando el mejor cocinero de la mejor cocina crea un plato, decimos: -Esto es nuevo, nunca lo he probado. Pero, ¿de dónde saca lo nuevo? De lo conocido, simplemente lo recombina de manera diferente. 


E igual que este ejemplo tan burdo que les doy; les podría dar muchos otros. 

No existe exactamente la creación, sino que existe una reordenación de ciertos elementos.  

Nosotros, buscadores de una verdad que como la arena, cuanto más la apretamos en las manos más se nos escapa; nosotros con nuestra angustia existencial, con nuestro querer ser y nunca llegar a ser plenamente, somos la imagen de todos estos sueños, teorías, verdades o mentiras. 

Necesitamos, previamente a toda comprensión, volver a un estado descontaminado, volver a un estado ingenuo, poder recordar. 

Si pudiésemos afrontar esto, si pudiéramos recordar esos principios, si pudiésemos tenerlos en nuestro corazón de alguna manera, si pudiésemos tener un sentido optimista de la vida, entender que no hemos nacido con la carne, que no vamos a morir con la carne; entender que estamos marcados con el sello de la eternidad, que de alguna forma hemos vivido en planetas que ya no existen, y que vamos a vivir en planetas que no han nacido, entonces tendríamos una visión mucho más grande, mucho más fuerte, mucho más optimista de la vida. 

Amigos, la muerte no existe.

11 comentarios:

Verónica Marsá dijo...

La muerte comienza cuando ya nadie te recuerda, me lo dijo mi padre y yo siempre le creí.

Beso.

Escribir es seducir dijo...

ES UN TRABAJO DIARIO ESO DE LOGRAR SER OPTIMISTA. ES ALGO QUE VENGO TRABAJANDO DÍA A DÍA A VECES MÁS OTRAS MENOS.

TODO ES CUESTIÓN DE PRÁCTICA

SALUDOS

MAJECARMU dijo...

Recordar que hemos vivido antes...Intentamos hacerlo Janeth,cuando conocemos a alguien,cuando leemos un libro nuevo,cuando llegamos a una ciudad y a un nuevo paisaje...Te diré que cuando llegué a Salamanca sentí con fuerza e intensidad,que ya la conocía,ello me tuvo emocionada un año entero.FUE UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE,AMIGA.
Mi gratitud y mi abrazo inmenso.
M.Jesús

ANTIQVA dijo...

Por si acaso, mejor que esa Dama tarde muchisimo en llegar...

Por si acaso, mas que nada...

Un abrazo, Janeth

Belkis dijo...

La muerte no existe, sólo la transición, el paso de un ahora a otro ahora. Cuanto bien nos haría recordar!!!!
Un besito Janeth

Brahma dijo...

Mágicamente una parte de mi alma está siempre allí.... o ella va conmigo allá por donde voy….

Luis dijo...

¿De qué sueño pasado surges? ¿Hacia que sueños futuros eres puente y eslabón?

Carolina dijo...

De la mano del tiempo llegan todas las enseñanzas a nuestra alma. El nos coloca en circunstancias de aprender aquello que necesitamos en su momento oportuno.

Alicia dijo...

El viaje sigue y sigue hacia puertos y seres desconocidos u olvidados. Quizás sean los mismos de ayer, y retomamos viejas historias que quedaron inconclusas, con temas pendientes…. y así todo vuelve a empezar.

Melissa dijo...

Cerraremos capítulos despidiéndonos y agradeciendo. Abriremos otros nuevos con ilusión y esperanzas renovadas.

Alcira Handal dijo...

Por el circulo de Cronoste persigo vida tras vida y en cada vuelta que doy se te muda la fisonomia pero con solo mirarte yo certeza hallaria en tu alma parte y mitad eternamente de la mia

Arjuna