El estado natural del ser es de amor espiritual.
Tal clase de amor no puede existir en una conciencia basada en la dualidad.
Esto significa que cuando conectamos con la conciencia del espíritu eterno, del alma inmortal y nos estabilizamos en ese estado, desarrollamos de forma natural la actitud asociada consciente del alma.
Nuestra visión del mundo y de los demás cambia de forma radical.
Ver a los demás fundamentalmente como seres epirituales significa experimentar un flujo constante de amor espiritual y buenos deseos hacia todos, independientemente de su aspecto, estatus, rol, cultura, etc.
De esta forma, desarrollamos la verdadera conciencia de hermandad y de pertenencia a una familia espiritual mundial, en la que todas las fronteras y límites externos se disuelven.
Así es como experimentamos el anhelado logro de la unidad en la diversidad.
















