Estoy sentada frente al computador sin saber que escribir. Tal vez sea por que es muy noche; ya casi amanece. Quizá esté especialmente sensible. Quizá sea porque escucho Laudate Pueri.
No lo sé... pero... siento que necesito escribir.¿De qué? No sé. Pero sé que si me pongo saldrá. No sé qué, pero creo que hay algo que pugna por salir, que quiere salir. Y creo que merece la oportunidad de hacerlo.
Desde que escuché las primeras notas algo se movió dentro de mí. Eso es música. Algo que mueve el interior, que hace resonar nuestro instrumento interno. Que, al igual que vibran las cuerdas del violín o del piano, vibran las cuerdas del alma. Es resonancia. Suena una cuerda y suena tu cuerda.
Y en este caso mis cuerdas vibran porque vibra la voz de una mujer deliciosa. Canta los sentimientos de Antonio Vivaldi, los suyos propios y también los míos.
Y los míos me llevan a un mundo de paz, de dicha. Como a la orilla de un lago de un día soleado y luminoso. Me llevan más allá de mi ser cotidiano, más allá de mis fútiles inquietudes. Más allá de lo vulgar de mis actos vulgares. Más allá de mi pequeño tirano.
Me llevan a un mundo soñado, pero que sé existente. Me llevan a un mundo puro y sagrado. A un mundo de silencios llenos de dicha. A un mundo en que los silencios son más hermosos que los sonidos. Al mundo estrellado de la noche en el que estás solo con Dios.
Está ahí, está aquí. Está fuera y está dentro. Está arriba y abajo. Lo inunda todo y también dejo que me inunde.
Sé que es frío, pero sé que es puro. Sé que es tenue, pero sé que es mío. Sé que es lejano y está cerca.
Pero realmente lo amo......porque soy yo.
Desde que escuché las primeras notas algo se movió dentro de mí. Eso es música. Algo que mueve el interior, que hace resonar nuestro instrumento interno. Que, al igual que vibran las cuerdas del violín o del piano, vibran las cuerdas del alma. Es resonancia. Suena una cuerda y suena tu cuerda.
Y en este caso mis cuerdas vibran porque vibra la voz de una mujer deliciosa. Canta los sentimientos de Antonio Vivaldi, los suyos propios y también los míos.
Y los míos me llevan a un mundo de paz, de dicha. Como a la orilla de un lago de un día soleado y luminoso. Me llevan más allá de mi ser cotidiano, más allá de mis fútiles inquietudes. Más allá de lo vulgar de mis actos vulgares. Más allá de mi pequeño tirano.
Me llevan a un mundo soñado, pero que sé existente. Me llevan a un mundo puro y sagrado. A un mundo de silencios llenos de dicha. A un mundo en que los silencios son más hermosos que los sonidos. Al mundo estrellado de la noche en el que estás solo con Dios.
Está ahí, está aquí. Está fuera y está dentro. Está arriba y abajo. Lo inunda todo y también dejo que me inunde.
Sé que es frío, pero sé que es puro. Sé que es tenue, pero sé que es mío. Sé que es lejano y está cerca.
Pero realmente lo amo......porque soy yo.













