Una Luz en el Sendero

Cada uno ha de recorrer solo su propio camino, pero podemos compartir algún tramo con otros que lleven nuestro mismo rumbo, hacernos compañía y ayudarnos un poco.

Por eso, porque camino como tú; porque me gustaría, si tú quieres, que me acompañes un trecho, he abierto esta ventana, donde poner en común reflexiones y vivencias.

La vida nos pertenece. Nada puede asustarnos. Caminamos. El camino de la serenidad.

No tengo los mapas, no sé dónde nos llevará el siguiente paso. Pero, juntos podemos buscar la mejor ruta.

Vernos como lo que somos,... seres espirituales....


El estado natural del ser es de amor espiritual. 

Tal clase de amor no puede existir en una conciencia basada en la dualidad. 

Esto significa que cuando conectamos con la conciencia del espíritu eterno, del alma inmortal y nos estabilizamos en ese estado, desarrollamos de forma natural la actitud asociada consciente del alma. 

Nuestra visión del mundo y de los demás cambia de forma radical. 

Ver a los demás fundamentalmente como seres epirituales significa experimentar un flujo constante de amor espiritual y buenos deseos hacia todos, independientemente de su aspecto, estatus, rol, cultura, etc. 
De esta forma, desarrollamos la verdadera conciencia de hermandad y de pertenencia a una familia espiritual mundial, en la que todas las fronteras y límites externos se disuelven. 

Así es como experimentamos el anhelado logro de la unidad en la diversidad.

Creamos nuestra realidad con nuestra visión, con nuestra conciencia, con nuestros pensamientos


"Creamos nuestra realidad con nuestra visión, 
con nuestra conciencia, con nuestros pensamientos".

Las situaciones que llamamos problemas, nos dan la oportunidad para darnos cuenta qué podemos aprender y superar a través de la toma de conciencia y la aceptación. 

Es una oportunidad para poner en práctica las herramientas (conocimiento, habilidades, virtudes) que yacen dentro de nosotros, para desarrollarnos y crecer. 

Cada situación que llamamos problema es una gran oportunidad para desarrollar y emerger lo mejor de nosotros mismos. Son regalos que la escuela de la vida nos ofrece para seguir avanzando y expresarnos como esos seres maravillosos y únicos que somos. 


No somos tontos


En honor a la tolerancia, que debe ser el factor sobresaliente de la filosofía, me duele tener que escribir así acerca del mundo que nos ha tocado vivir.

No soy de las que piensan que este mundo es negativo, y que todo tiempo pasado fue mejor; ni tampoco de aquellas que postergan la felicidad para un futuro que no podemos precisar.

Me preocupa la cantidad de incongruencias, incoherencias, por no llamarlas definitivamente mentiras, que estamos obligados a soportar. Ni siquiera se disimulan las falsedades, sino que, al contrario, se presentan exactamente como si fueran lo contrario, convencidos de que somos tontos, y basta con que una información provenga de los medios de comunicación para que la consideremos verdadera.

Viene en mi ayuda el "mito de la caverna" que describe el filósofo Platón en su libro La República. No hace falta extenderse en el contenido del mito porque es muy conocido.

Se trata de una caverna (el mundo) donde todos estamos encerrados, aunque encantados de estarlo, porque dentro de la caverna se nos ofrecen todo tipo de imágenes falsas con visos de realidad, tan convincentes como para que nadie quiera salir de allí. Nadie conoce a los "amos de la caverna", pero es evidente que alguien, o algunos, han montado esta prisión disfrazada de un mundo feliz.

Esto permanece así hasta que un atrevido decide romper sus cadenas y salir a ver lo que pasa en el exterior. Y aquí comienza el drama: el que sale comprueba el engaño, intenta contarlo a los demás y se encuentra con una absoluta incomprensión, porque al parecer todos gozan de sus cadenas…

Sinceramente, creo que nuestro mundo, al completo, en todos los continentes y en todos los países, está regido por los "amos de la caverna". No los conocemos, no son los que dan la cara y ocupan las páginas y las pantallas de los medios de difusión, no; los visibles son sus títeres y ellos permanecen en el anonimato para seguir trabajando a gusto.