......Al final del viaje, en el principio de la vida, nacer supone para la mujer y el hombre un cúmulo de emociones y experiencias, un instante clave de su existencia, en el que no hay desperdicio alguno, por vez primera siente, oye, ve, es a partir de este momento, cuando comienza un relativo largo peregrinaje por esa maravillosa estela de plata que es la vida, un mundo lleno de acontecimientos, cuya explicación se confunde tras un velo de apariencia transparente, pero de espesa niebla, sólo penetrable por la mirada de aquel que, con amor, voluntad y servicio, siente más allá, oye más allá y mira más allá, pues mientras que el sonido de nuestro primer llanto, ahuyenta los problemas de aquellos que nos rodean, se descubre ante nosotros un espacio en el que desconocemos por completo sus reglas, reglas a las que hacemos la mayoría de las veces, caso omiso, porque en realidad, desde ese momento en que nacemos, hay una parte de nosotros mismos que permanece dormida, si bien es cierto, que se debe en gran parte, a que no hemos enseñado a nuestro propio ser, lo que hay detrás de sentir, oír y ver.

















