Curarse con el viento | Paola Klug


Todos tendemos a lamer nuestras heridas; a llevar a lo más dentro de nuestro corazón aquello que nos daña, ya sea un amor mal correspondido, el despecho, la rabia o el dolor. Atesoramos nuestro sufrimiento de tal manera que vivimos nuestras vidas aferrados a la desdicha. Curiosamente parte del sufrimiento del ser humano se debe al miedo que tiene a la pérdida, ya sea a la muerte o al desapego, ni hablar del pánico que nos da dejar fuera de nosotros la angustia – el pilar más grande del estado actual de las cosas, dentro y fuera de nosotros-

¿Qué pasaría si nos libráramos de esa carga emocional? Que pasaría si dejáramos fluir nuestra ansiedad y el recuerdo de aquellos que la producen?

Aun cuando hay dos formas naturales de "curarse" – y ambas han sido usadas por hombres y mujeres desde épocas inmemoriales- yo prefiero la cura con el viento (Aunque les contaré las dos)

No se necesita nada más que las ganas de despojarse de la podredumbre interior ¿quieres dejar de sufrir? deja de hacerlo, simple voluntad. En la mayoría de los casos uno es incapaz de cambiar a las personas o las situaciones que te ponen mal; uno no puede forzar las cosas o imponerse sobre la voluntad de otros o el simple destino, pero lo que si puedes hacer es cambiar la perspectiva desde donde se miran las cosas.

Subirse a la silla como en la película La Sociedad de los Poetas Muertos, y cuando estés allí, fuera de tu campo de visión habitual, de tu ensimismamiento y dejes mirar-sentir desde tu ego herido solo basta dejarse abrazar por el viento; puedes hablar con él o simplemente dejar que se lleve todo aquello que ya no deseas en tu vida, tu cuerpo sabrá lo que debe hacer pues la cura de los "males modernos" viene en tu memoria genética, lo demás es cosa del viento.

La otra cura es con la tierra, pies descalzos y ambas manos metidas en ella; ya que tus manos estén completamente cubiertas entrégale a la tierra lo que ya no quieres tener dentro de ti; solemos olvidar que no somos más que luz y energía atrapadas en la materia y ni el dolor, ni la ira, ni el amor ni el miedo se pueden palpar, solo vibran dentro igual que vibraran afuera.

Aunque para algunos estas prácticas son ridículas puedo constatar que sirven si es que uno de verdad cree en ellas (cuestión de fe supongo) no en balde la naturaleza siempre ocupó un lugar primordial y sagrado para las culturas ancestrales. Prefiero bañarme de viento que consumir un antidepresivo porque no se trata de dormir las emociones negativas sino de dejarlas ir…

Decía Don Juan Matus que las mujeres somos vientos y así como hay cuatro vientos (norte, sur, este y oeste) habemos cuatro tipos de mujeres.


Yo digo que habemos mujeres que llevamos los cuatro vientos dentro…

Sacado del Blog de Paula Klug "La Pinche Canela"

12 comentarios:

Janeth dijo...

Comparto mucho con las letras de esta compañera mexicana que escribe con el alma,...me traje estos dos últimos textos de su blog (con su consentimiento) porque siento que me llamaban desde la tierra,...la tristeza es un monstruo que nos desgarra y nos hace sufrir,..leer estas palabras nos muestra un sendero dulce, cálido, tierno para encararlo....

ANTIQVA dijo...

Es cierto, amiga, el miedo es nuestro compañero de viaje... Digamos lo que digamos... Y con el viene la tristeza y la angustia...

Es cierto que debemos ser conscientes de lo bello de vivir, cada dia, cada instante... Sin dejar que el miedo a vivir nos impida vivir

Un abrazo muy fuerte, Janeth

Mª Jesús Muñoz dijo...

Janet, precioso tu escrito, amiga...Curarnos con el viento, dejar que nos acaricie, que nos deje su susurro limpio y trascendente y volar con él hacia el infinito...Curarnos con la tierra, dejar el lastre de tristeza y sentirnos luz, ensayar el vuelo del espíritu, hacia la inmensidad...
Mi gratitud y mi abrazo grande por tu buen hacer y cercanía.
M.Jesús

Melissa dijo...

A toda la gente que esta triste, que no les llegue la depre

tomen este mensaje y medítenlo.

Juan Meriles dijo...

Las dos curas tienen que ver con la naturaleza, y ambas son validas por que somos de la misma esencia

censurasigloXXI dijo...

No lo dudes, voy a poner ambos métodos en práctica, aunque me duela por la naturaleza, porque con tanto dolor y ansiedad, la tierra quedará infértil y el viento pesado como el plomo.

Un beso y tu cafelito.

Raul Miranda dijo...

Nada mas efectivo que la naturaleza, para aplacar a la tristeza, el viento se lleva consigo, y tal ves funcione no esta de mas tener en cuenta estas dos aplicaciones

Ramiro Jordan Alvares dijo...

El viento cura llevándose la nocividad que hay alrededor del cuerpo humano. Esta nocividad es producto sobre todo de la tristeza. Cuando uno se entristece acumula una especie de niebla oscura sobre el campo energético que literalmente le impide ver cómo son las cosas en realidad y le obliga a permanecer en la misma actitud creando cada vez más oscuridad.

Soledad dijo...

Para que el viento se lleve la tristeza a nuestro alrededor sólo hay que dejarle soplar sobre nosotros.

Mahatma dijo...

Se puede practicar sentir el viento sobre la cara y la frente. El viento alrededor de la cabeza y la frente se lleva los pensamientos obsesivos. Sobre la cara esta niebla frecuentemente se hace espesa y nos impide sonreír de modo natural. Los músculos se tensan, el entrecejo se arruga, la boca se aprieta. Alrededor de los ojos se acumula un gran cansancio debido a la preocupación. Alrededor del cuello se acumula energía de otras personas. El viento puede liberar el agarrotamiento alrededor del cuello, los hombros y el pecho. También es bueno dejar correr el viento entre los brazos, las piernas, los dedos de las manos, la cintura, las rodillas y los tobillos. La mejor actitud es la de dejar ir todo aquello que no nos pertenece, simplemente dejarlo ir con el viento.

Brahma dijo...

La curación con el viento es un proceso de retorno al propio ser que conlleva un aprendizaje y una profundización en el misterio de la vida.

Luis dijo...

Cuando nos sometemos a este tipo de curación nos entregamos a la posibilidad de restablecer el vínculo con la naturaleza y con nuestro propio ser interno.