Sabemos que la muerte ha de llegar en algún momento; y no solo lo sabemos, sino que lo constatamos diariamente con la desaparición física de cientos, de miles de personas, unas más cercanas y otras diluidas en la lejanía de una información que nos aporta un periódico o una imagen de televisión.
La gran prueba se presenta cuando la muerte nos toca directamente, a los que consideramos parte de nuestras vidas, o a nuestra propia persona.
Entonces es posible que todo el esquema de bien montadas ideas y argumentos se venga abajo ante la impotencia, la desolación, la inquietud, el desamparo frente a una fuerza de la Naturaleza contra la que nada podemos, ni nosotros ni los expertos en curar enfermos o heridos.
Este es el momento de revisar quiénes somos, lo que pensamos de verdad, lo que sentimos. Es el momento de valorar nuestras actitudes, nuestras reacciones.
Es el momento de dialogar a solas y serenamente con nuestro Ser interior y razonar junto a él. ¿Por qué llamamos vida solamente a la que se expresa en los cuerpos materiales ¿Y qué hay de nuestros sentimientos, de nuestros ideales, de nuestros sueños, de nuestras intuiciones? ¿Acaso eso no es vida?
Ante el temor, se nubla el entendimiento, y es posible que lleguemos a preguntarnos: ¿pero quién me asegura que sueños, ideas, sentimientos, no desaparecen igual que el cuerpo físico?
Volvamos a recordar: ¿desaparece todo esto cuando nuestro cuerpo dormido sueña por las noches? No, al contrario, continuamos igual o más vivos todavía, hablando con unos y otros, desplazándonos de un sitio a otro, gozando y sufriendo como siempre, anhelando cosas como siempre, sintiéndonos nosotros mismos como siempre.
Entonces, ¿por qué habría de barrerlas la muerte, que es tan solo un sueño más profundo y largo?
Ante el temor, creemos que vamos a perder el contacto con lo que amamos, sean personas, aspiraciones, ideales, proyectos.
¿Por qué?
¿Acaso nuestros lazos de unión con ideas y gentes están establecidos únicamente por la materia? ¿Nunca nos hemos sentido cerca de alguien querido a pesar de la distancia? ¿Nunca hemos elaborado poderosos castillos en el plano de las ideas con nuestros mejores deseos, sin tener materiales físicos al alcance?
Y entonces, ¿por qué no seguir manteniendo lazos estables con los que se van o con los que se quedan? ¿Por qué un largo estado de sueño habrá de hacernos perder aquello que se introdujo fuertemente en nuestras existencias, afectando no solo al cuerpo sino a la totalidad de nuestro Ser?
Ante el temor, dudamos de que los muertos puedan encontrar un buen camino en el más allá, sobre todo si son nuestros muertos queridos o si nos toca emprender el viaje a nosotros mismos.
¿Por qué?
¿Acaso no hubo una o varias personas que nos han ayudado a nacer? Y si alguien nos cuidó cuando llegamos a este plano de la vida, ¿porqué habría de faltar ese apoyo –o más todavía– al abordar ese otro aspecto de la vida que llamamos muerte?
Si conformamos familias más o menos bien avenidas de este lado de las cosas, ¿por qué no habríamos de tener familiares y amigos –y más aún si ya los hemos conocido– en el "otro lado"?
Tema originalmente llamado por su compositor "El Encuentro", el maestro compositor Jorge Komori tocando en vivo su propia canción junto a SIKUS BOLIVIA, programa Designer Music Live, en agosto de 2009, La Paz - Bolivia.

























