Una Luz en el Sendero

Cada uno ha de recorrer solo su propio camino, pero podemos compartir algún tramo con otros que lleven nuestro mismo rumbo, hacernos compañía y ayudarnos un poco.

Por eso, porque camino como tú; porque me gustaría, si tú quieres, que me acompañes un trecho, he abierto esta ventana, donde poner en común reflexiones y vivencias.

La vida nos pertenece. Nada puede asustarnos. Caminamos. El camino de la serenidad.

No tengo los mapas, no sé dónde nos llevará el siguiente paso. Pero, juntos podemos buscar la mejor ruta.

Llaves que abren puertas al conocimiento


Automáticamente y distraídamente, cada día introducimos en nosotros llaves en cerraduras sin saber que así repetimos; simbólicamente, el trabajo del Espíritu (La llave) en la materia (La cerradura).

Así pues, decidámonos a estudiar lo que es una llave y una cerradura, y tendremos las llaves para abrir los cerrojos en los que nunca habíamos pensado. 

Sí, porque las orejas, la boca, las fosas nasales, la piel y los ojos, son las cerraduras; y el mismo cerebro, es una cerradura. Cuando comprendamos esto, estaremos en posesión de las llaves que abren las puertas de la naturaleza; pero también, puertas en nosotros mismos.

Y ¿qué son el intelecto, el corazón y la voluntad? Puertas que dan acceso a las regiones donde pensamos, sentimos y actuamos, y las llaves para abrir éstas puertas son la sabiduría, el amor y la verdad. 

La sabiduría abre el intelecto (El cuerpo mental), el amor el corazón (El cuerpo emocional); y la verdad, la voluntad (El cuerpo físico). 


Cuando tengamos un problema, probemos algunas de éstas llaves. Si no conseguimos nada con la primera, probemos la segunda. ¿La segunda tampoco abre? Tratemos con la tercera. 

Si nosotros sabemos cómo hacerlo, es imposible que una de esas tres lleves (Sabiduría, amor y verdad) no resuelva nuestro problema. 

Un camino para hacer la diferencia.


Vivimos una época de la Historia que, como muchas otras, tiene sus especiales aciertos y sus males innegables. Esconder la cabeza frente a estos últimos no tiene sentido, pues resta la posibilidad de darles solución. 

Denunciarlos con valentía no significa pesimismo sino, en todo caso, sentido común. Y actuar para resolverlos es lo propio del sabio, que lleva a la práctica su pensamiento.

Eres victima de las circunstancias....?


¿Qué debo hacer para no enojarme?

Vive como las flores!
Advirtió el maestro.

Un joven le pregunto al sabio, ¿qué debo hacer para no enojarme? Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.

- ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.

- Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.

-Mira con atención a esas flores -continuó el sabio anciano, señalando unos lirios que crecían en el jardín.

Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas.
Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.


Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse.

Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera y perfuma la vida de los demás haciendo el bien.

Esto, es vivir como las flores.

"No te tomes nada personalmente"

cuando seas inmune a las opiniones, y los actos de los demás, dejaras de ser la víctima de un sufrimiento innecesario.

De este y de otros mundos


Los que escriben la Historia no siempre han sido justos al valorar a los hombres del pasado. Para estos antecesores nuestros en el tiempo son buenas todas las críticas y es corriente atribuirles cuanto infantilismo mental haga falta con tal de resaltar los logros, la inteligencia y la capacidad del hombre moderno.

Durante años hemos aprendido la consabida lección de que la mentalidad del hombre antiguo no era racional ni científica; sus formas artísticas eran rígidas y sus religiones eran la pantalla de sus amores y sus temores.


Claro está que este hombre prelógico no conocía ni por lo visto tenía medios para hacerlo el Universo en el que vivía, ni la Tierra que lo albergaba ni el resto de las estrellas y planetas. Concebía un mundo animado y vitalizado por fuerzas naturales y, del mismo modo que alzaba los ojos al cielo en busca de explicaciones, los hundía en el fondo de la tierra para imaginar infiernos y monstruos indescriptibles. Así, las piedras, los árboles, los animales, el aire, las aguas, todo estaba lleno de dioses terroríficos o hermosos, reflejos de los miedos y los anhelos cotidianos; dioses caprichosos a los cuales había que atribuir el comportamiento de la vida, por cuanto no se concebían las leyes matemáticas y físicas que rigen la existencia. Hablar entonces de este y de otros mundos era absolutamente normal: uno y otros eran ampliamente desconocidos y ampliamente divinizados.


La guerra de las galaxias existe en el interior de cada hombre que esté dispuesto a combatir las sombras y los monstruos del mal; los héroes valientes y decididos viven también en el corazón de quienes, lanzados a la batalla, descubren que pueden hacer más de lo que imaginaban y que nunca habían utilizado el riquísimo caudal de energías y esperanzas que estaba aletargado a la espera de una señal.

La verdad está aquí y allá, en este y en otros mundos; de lo contrario no sería verdad. Pero puede encontrarse aquí, en la Tierra y puede hallarla cada uno de los hombres que inicie la búsqueda y conquista de la Sabiduría.

...¿Es hora de descubrir una nueva via?


"Así dice el Señor:

Haced alto en los caminos y ved,
y preguntad por las sendas antiguas:
¿Es esta la senda buena?
Seguidla entonces,
y hallaréis reposo para vuestras almas.

Y ellos dijeron: "No la seguiremos"

Jeremías VI, 16


...¿ES HORA DE DESCUBRIR UNA NUEVA VIA?

La Escritura del Bienestar, reaprendiendo a escribir


Aprendí que escribir es un don que hice bien en desarrollar para alcanzar el bienestar que me es tan imprescindible en la vida.

Escribir por y para mi intimidad, consiguiendo atrapar la atención del consciente, dando tiempo al subconsciente para que me hable con tranquilidad y la seguridad de que va a ser escuchado.

Conectar con mi interior, conocer y reconocer, aprender a saber lo que quiero y lo que no, concretar sueños y deseos.

La imaginación es el lenguaje que entienden los niños y el medio en el que se crean los sueños. 

....Para conectar con mi Ser Interior, utilizando la imaginación, la escritura es la mejor manera......

.....Por mi mente pasa un número incontable de imágenes e ideas.......

Las personas solemos traducir los pensamientos en palabras. Nuestros pensamientos y sueños, nuestro diálogo interno con nosotros mismos lo realizamos con palabras, luego son algo mucho más importante de lo que creemos. Hemos crecido escuchándolas, nos han educado con ellas. Después, cuando aprendimos a leer y a escribir, continuamos educándonos y creciendo mientras llenábamos nuestra vida de palabras con los libros, la televisión o el cine.

Vivimos en un mundo de lenguaje. Sin embargo, a pesar de utilizarlo tanto en nuestras vidas, es muy común equivocar los significados de muchas de ellas, especialmente aquellas que más nos han marcado en la época de crecimiento personal y de madurez. Usamos muchas palabras que realmente han dejado de ser nuestras en cuanto las hemos copiado de momentos circunstanciales o de los ejemplos de otras personas, sin embargo seguimos haciéndolo.

¿Qué ocurre entonces dentro de nosotros? Nos hemos acostumbrado a no pensar, a no analizar. Esto nos afecta a nosotros pero también a los demás. Cada vez que decimos una palabra en la que realmente no creemos, provocamos malestar en la vida cotidiana de muchas personas, incluyendo la nuestra.

Poemas Zen


Cuidando de buscar la Verdad según los demás,

cada vez se retiraba más de mí.....

Ahora ando sólo conmigo mismo,
y no hay otro más que yo;
no obstante, no soy él...
Una vez entendido esto,
estoy con Él cara a cara.


No busquéis el camino en los otros,
en un lugar lejano;
el camino está bajo nuestros pies.
Ahora viajo solo...
Pero puede encontrarlo en todas partes;
ciertamente, él es ahora yo,
pero ahora yo no soy él.
Así también, cuando encuentro lo que encuentro,
Puedo obtener la verdadera libertad.


Recuerdo la época en que no tenía visión,
cada vez que oía la flauta mi corazón se afligía.
Ahora no tengo sueños vanos en mi almohada,
me limito a dejar que el flautista ejecute el son que le plazca.


Las flores se van cuando nos apena perderlas,
los yuyos llegan mientras nos apena verlos crecer.


Nada de pensamiento, nada de reflexión, nada de análisis,
nada de cultivarse, nada de intención:
deja que se resuelva solo.


No puedes conseguirlo poniéndote a pensar;
No puedes buscarlo sin ponerte a pensar





La batalla florida


Los antiguos pueblos de la humanidad, tenían a mujeres y hombres que tomaban el desafío de trascender la vida material. 

Les llamaban "Guerreros" porque librarían la lucha más cruel y descarnada que un ser humano puede enfrentar. La lucha contra sí mismo. Contra la estupidez, la pereza y el abandono humano. La lucha en contra de las fuerzas gravitatorias que arrastran a la materia a su degradación.

A esta lucha le llamaron la -Batalla Florida-, pues tenía simbólicamente como objetivo "hacer florecer el corazón". Las armas de los guerreros eran “flor y canto” entendidas simbólicamente como –belleza y sabiduría.

Los misterios del espíritu y del estar consciente no tienen tiempo ni espacio. La sabiduría de Zoroastro, Cristo, Buda, o Manco Kapac por alcanzar un elevado desarrollo de la conciencia y la liberación del espíritu de la materia son universales. 

La sabiduría humana habla el lenguaje del Espíritu. El misterio de la vida és y seguirá siendo el mismo.

El bosque interior


Encontre este bello cuento entre mis archivos, lo traigo para entretenerlos; es uno de esos "viajecitos" leerlo, espero que les guste tanto como a mi.

Había una vez un hombre que caminaba perdido en el sendero Espiritual. Estando paseando por el monte, solitario, triste y preocupado de cómo podría ver la luz, oyó una voz que le dijo:


-¿Dónde vas buen hombre?


Un poco asustado al oír aquella voz, contestó:


-Llevo años queriendo ver ya de una vez la Luz , pero ni la veo ni sé dónde buscarla.


Sonriendo, aquella voz le dijo:- Hijo mío la luz no se busca, está siempre delante de ti, lo que pasa es que tienes un bosque de árboles entre tú y ella que no te la deja ver.


-¿Quieres decir que los árboles mentales que tengo no me dejan ver la luz?


-Así es, por lo tanto has de ir talando todos los árboles que están entre tú y la Luz, pues ellos te impiden verla.
-¿Y cómo puedo hacer eso?, le preguntó el hombre.


-Mira, te enseñare como hacerlo, siéntate en la base de ese árbol, mantente en silencio y ve observando los árboles que tienes y ve talándolos mentalmente todos y cada uno de ellos.


Así pues aquel hombre se puso manos a la obra y empezó a ver su primer árbol. Vio el árbol de la impaciencia y lo taló, luego vio el de la intolerancia e incomprensión hacia los demás, siguió cortando el árbol de la vanidad y del ego, cortó también el árbol del rencor y el no perdón a los demás, siguió con el árbol de juzgar y creer ser superior a los demás, y siguió y siguió…….
Pasado un rato la voz le dijo:- ¿Cómo vas?


El hombre le contestó:- Voy bien, acabo de talar una gran hilera de árboles que no me dejaban ver la luz, pero aun no la veo, hay otra gran fila de árboles, ¿qué árboles son estos?, preguntó el hombre.


La voz le contestó: son los mismos árboles de antes pero ahora son a nivel espiritual, son los árboles de la vanidad espiritual, intolerancia espiritual, el árbol de creerse en posesión de la verdad …. y estos árboles son peores que los anteriores,.... - córtalos muy bien.
Así pues, el hombre siguió talando la siguiente hilera de árboles. Taló el árbol de creerse ser un elegido, de creerse maestro, taló el árbol de querer salvar al mundo, taló también el árbol de su religión y siguió y siguió.


Pasado un rato la voz le dijo:- ¿cómo vas? Acabo de talar otra gran hilera de árboles que no me dejan ver la luz, pero aun no la veo, hay otra gran hilera de árboles, ¿qué árboles son estos?, preguntó el hombre.


La voz le contestó:- estos árboles son muy importantes de talar, estos árboles te sirvieron en su momento pero ahora has de cortarlos todos, pero es decisión tuya de hacerlo o no, pues no querrás talarlos, pero ya debe ser elección tuya, así que observa bien estos árboles y decide tú que quieres hacer.


Así que el hombre observó y taló dichos árboles, taló el árbol de no creer ya en maestros ascendidos, de no creer en Ángeles, el árbol de no creer en seres de luz, en no creer en todo lo que leyó y le ensañaron, y siguió talando y talando, y aunque le costaba mucho talar tantos, pues se estaba quedando sin nada, el siguió adelante……


Pasado un rato le dijo la voz: -¿Cómo vas?
Este hombre le contestó: -Voy bien, ya se ve algo de luz, pero estoy viendo dos últimos árboles, uno es enorme y otro más normal, ¿qué hago ahora con ellos?.


La voz le dijo:- Antes de talarlos mira bien que representan dichos árboles.
El hombre se concentró y al ir a cortar el árbol más normal, vaciló y rápido fue a consultar a la voz.
Exclamó; -¡Ese árbol es mi SER, ¿cómo quieres que lo tale?.


La voz le contestó: -Si quieres ver la Luz, has de talarlo, pero eso ya es elección tuya.
Así que aquel hombre un poco asustado lo taló y se quedó sin creer en su SER.
Pasado un rato la voz le dijo: -¿Cómo vas?


-Ya he talado ese árbol, le contestó. Y la voz le preguntó ¿y aún sigues vivo?
El hombre contesto, sí.
Pues entonces sigue, le dijo la voz.


Así pues el hombre se puso a talar el último y enorme árbol que no le dejaba ver la Luz. Pero cuando fue a talarlo se dio cuenta lo que representaba el último árbol y fue corriendo a preguntar otra vez a la voz. Súper asustado aquel hombre le dijo a la voz. ¡Madre mía! ¿Tú sabes qué árbol es ese? ¡Es Mi Dios!.


-Así es, le dijo la voz, tálalo también si quieres ver la luz.
- Uf, contestó aquél hombre, eso si que me va a costar, pero lo haré.
Pasado un rato le dijo la voz: -¿Cómo vas?


-Muy bien ya veo la luz, es preciosa y todo amor, es increíble. Muchas gracias de todo corazón por ayudarme a ver la luz, le dijo el hombre entusiasmado.


-No corras tanto, le replicó la voz, aún no hemos terminado, esa luz que ves es aún un espejismo, tienes que talar el ultimo árbol para poder ver la verdadera Luz.


-¿Cómo? Dijo sorprendido aquel hombre, yo no veo ningún árbol más.
- Ese es el problema, nunca ves el último árbol, Ese árbol eres tu mismo, y ves la Luz a través de tu árbol, no de tí, tálate tú y veras la luz.


Aquel hombre no podría creer lo que estaba oyendo, pero se puso en marcha y taló su propio árbol. Pasado un rato le dijo la voz:- ¿Cómo vas, ya has visto la Luz?


Y aquel hombre con todo amor, paz y felicidad, le dijo a la voz: no he visto la Luz, !!!SOY LA LUZ!!!


Ese bosque interior se yergue en cada uno de nosotros y está también en medio de nosotros. Ese bosque interior no se puede extraer de simples maneras, sino que se lo ha de extraer de profundas y fuertes maneras.

Esos impulsos, esas virtudes y esas fuerzas que están solamente adormecidas en nosotros, no han desaparecido.

Dentro de cada uno de nosotros puede surgir esa llama, esa fuerza. Esa fuerza hace cambiar todo el sentido de nuestra vida. Esa fuerza nos hace entender los viejos mitos y los nuevos problemas. Esa fuerza permite dirigirnos a las personas con maneras simples, con palabras sencillas..., y ser entendidos. Esa fuerza nos permite construir, recrear, unirnos, amar... Es la Fuerza Interior, la única fuerza que vale, la única fuerza real y espiritual. Porque no es una fuerza de contemplación, sino una fuerza erecta como una lanza, una fuerza que es capaz de luchar por lo que cree, de vibrar por todo aquello que siente, como un arpa eólica que puede colgarse entre las ramas de un árbol y el solo viento la hace sonar.

El hombre tiene el tamaño de aquello que se atreve a hacer.