Sobre la convicción y el fanatismo


Existe una gran diferencia entre convicción y fanatismo.

La convicción es un alto compromiso psicológico, intelectual y moral que surge de un convencimiento progresivo y fundado en buenas razones, en pruebas, en experiencias, en modelos y bases de apoyo.

Una persona con convicciones es tolerante. Es firme en lo suyo pero deja lugar a los demás. No desprecia a quienes piensan de manera diferente sino que siempre muestra buena disposición a escuchar. Posee una tolerancia activa: oír a otros, exponer y defender sus propios pensamientos, sin herir, sin insultar. Sabe crear espacio para sí misma y para los demás. Abre espacio, lo genera, lo reconoce, no invade otros espacios, no atosiga, no inquieta ni maltrata a los que están a su alrededor. No se impone tiránicamente ni se considera la culminación de todas las perfecciones. Su convicción es la que le ayuda a avanzar, a ser cada vez un poco mejor.

Una persona con convicciones demuestra una salud integral, una seguridad en sí misma envidiable, un saber de dónde viene y hacia dónde va que le permite moverse con equilibrio y sensatez. 

Las convicciones nacen del ejercicio constante de nuestras capacidades interiores.

Una persona fanática, en cambio, piensa poco y nada. Asume lo que otros le dan como bueno y desarrolla, más que sentimientos, pasiones incontrolables que le arrastran a acciones inconscientes de las que ni siquiera se arrepiente porque no puede valorarlas. 

El fanático sólo conoce una idea. Digamos mejor que sólo acepta una idea, aunque no ha llegado a esa aceptación por propio convencimiento...

El fanático es intolerante por definición. No acepta ni siquiera la existencia de quienes puedan sentir y pensar de otra manera; por eso, intenta eliminarlos como sea, y la muerte y la tortura son algunas de las terribles muestras de esta actitud. 

El fanático no escucha, es incapaz de dialogar. Sólo grita en voz alta sus propios principios para aturdirse con su voz y no dejar espacio a ninguna otra opinión. Le basta y le sobra con lo que tiene. Lo demás es despreciable, no existe, o debería dejar de existir. El fanatismo es la raíz misma de la tiranía. 




7 comentarios:

sunny dijo...

hay certezas que no requieren argumentos.

cariños y luz para tus dias, amiga!

El Drac dijo...

Las ideas se exponen no se imponen

Un abrazo

Myriam dijo...

Estupendo texto, Janeth. Maravilloso.

Me considero una persona tolerante.

Besos

Brahma dijo...

Debemos mantener nuestra integridad moral, y convertirnos en seres humanos cabales y con auténticas convicciones.

Raul Miranda dijo...

El respeto a la libertad se nutre de convicciones firmes.

Juan Meriles dijo...

Hay que ser comprensivo siempre, pero la comprensión no lo arregla todo.

Olga i Carles (http://bellesaharmonia.blogspot.com dijo...

LLevamos miles de años con ideeas de los demás aúnque parezcan nuestras...
Seamos capaces de hacer morir el fanatismo y resucitemos a la libertad.



Un abrazo.