
Desnudo el pecho y descalzo entra
El hombre en el mercado. Está cubierto
De barro y polvo, pero ¡como sonríe! Sin recurrir
A poderes místicos hace florecer, en un momento,
Los árboles marchitos.
(Cuento Zen)
Atraídos por lo envolvente
No hay otra misión en el hombre, no hay otro valor, no hay otra plenitud que alcanzar lo que uno ya es. Estamos llamados a ser lo que somos y por lo tanto toda la vida de interiorización nos va a conducir o nos debe conducir a ser eso que, en el fondo, ya somos; no vamos a conseguir otra cosa fuera de nosotros mismos sino lo que ya somos.
Cuando nos acercamos a esos grandes místicos que nos han fascinado y atraído, tenemos que plantearnos, precisamente, por qué nos han fascinado y por qué nos han atraído. En el fondo nos fascinan y nos atraen porque hay algo en nosotros mismos que refleja lo que ellos son.
El hombre de hoy tiene una verdadera necesidad de interiorización, de profundización. El mundo que tenemos fuera cada día nos atrae más, hay más ruido, nos atrae el consumo, el dinero, el mundo de fuera es un mundo lleno de incitaciones, y de repente, el hombre se siente como desgarrado, dividido entre eso que está fuera y nos atrae, incluso legítimamente nos atrae, y esa otra cosa que hay dentro que nos está interpelando y llamando desde una interioridad que nos cuesta mucho trabajo saber que es exactamente.
El camino de la interioridad, el camino de la contemplación es intentar oír por un instante esas voces que vienen desde dentro del hombre; intentar oír esas voces, unas voces que están veladas, ocultas, pero que nos están instando a que las oigamos, porque de ello depende nuestra felicidad.
El camino hacia dentro es el camino de la búsqueda del "Ser", el camino de la búsqueda de uno mismo, del uno mismo que está ahí escondido, del uno mismo que está queriendo ser interpelado pero que está oculto en el fondo, velado, más allá de toda explicación, y ese "uno" es un Él que se convierte en Tu, para permitirme descubrir que es un Ser, y así al final de nuestro camino nos vamos a encontrar que lo que nos interpela y nos llama y nos fascina, es precisamente lo divino que hay en todo hombre.
Todos nosotros guardamos una chispa divina, y esa chispa divina siente que se ahoga y que necesita ser oída.
El camino de interiorización será intentar la búsqueda de esa chispa que escondida y oculta nos llama y nos interpela; y esta interpelación es para todo hombre.























