Una Luz en el Sendero

Cada uno ha de recorrer solo su propio camino, pero podemos compartir algún tramo con otros que lleven nuestro mismo rumbo, hacernos compañía y ayudarnos un poco.

Por eso, porque camino como tú; porque me gustaría, si tú quieres, que me acompañes un trecho, he abierto esta ventana, donde poner en común reflexiones y vivencias.

La vida nos pertenece. Nada puede asustarnos. Caminamos. El camino de la serenidad.

No tengo los mapas, no sé dónde nos llevará el siguiente paso. Pero, juntos podemos buscar la mejor ruta.

Simbolismo en el Quijote; la locura, sinonimo de incomprención



Estuve releyendo una ves mas mi preciado libro de cabecera, Don Quijote de La Mancha de Miguel de Cervantes, y me detuve en este episodio que me llamo poderosamente la atención por su natural simbolismo.




Sus más cercanos parientes, sus más íntimos amigos, son precisamente quienes peor llegan a comprender su actitud. A sus ojos se presenta como un repentino loco, a quien a toda costa hay que volver a su estado anterior, aunque para ello sea preciso destruir las pertenencias de aquél a quien se pretende ayudar.

Y claro ejemplo de este acto de incomprensión lo tenemos en el donoso y grande escrutinio que Cura y Barbero hicieron en la librería de Don Alonso Quijano.

Cervantes relaciona este episodio con la "muerte de los inocentes" ¿Por qué? Porque sencillamente, aquellos libros a los que se les atribuía ser la causa de la locura de Don Quijote, eran sobradamente conocidos tanto por el Cura como por el Barbero; algunos de los cuales no sólo los habían leído también, sino que los poseían en sus bibliotecas particulares.

Pero aquí es inevitable tocar un tema clave. Si bien el Cura conocía casi todos los libros del hidalgo, la lectura que de ellos había hecho no era en absoluto similar a la de Don Alonso. Pues mientras el primero se sirvió de ellos como simples novelas, sin otorgarles más valor que el del puro entretenimiento, el segundo recorrió sus páginas saboreando el oculto licor, y viviendo en la imaginación sus alegóricas enseñanzas.

Pero esto también es explicable, pues mientras el Cura está “lleno” de su ciencia y tiene su ideología sólidamente asentada, Don Quijote se halla en situación de recibir “instrucción”, pues dispone de un lugar en el que darle cabida. En palabras de un sabio Maestro: "Un hombre no puede pensar sino conforme a sus trillados surcos, y a menos que tenga el valor de rellenarlos y abrir nuevos surcos, se verá obligado a recorrer los antiguos".

Por no extendernos más en este punto de la incomprensión, –pues el ejemplo del Ama y de la Sobrina da para mucho– resumiremos diciendo que, en todos los casos, la llamada del Destino viene seguida, ineluctablemente, de la incomprensión de aquellos que, aunque aseguran que es por bien del héroe, lo que pretenden es impedir su natural desarrollo. Cual nuevo Arjuna en la llanura de Kurushetra, Don Quijote deberá luchar contra sus amigos y parientes si desea aspirar a cumplir sus sueños.

¿Por qué mentimos?

El lenguaje propio de los hombres es rico, variadísimo... en mentiras y subterfugios. La ley de moda es aprender a decir la mayor cantidad posible de palabras sin decir nada, o diciendo lo contrario de lo que se quiere decir

Sin tener que recurrir a definiciones precisas, sabemos sin duda alguna lo que son las mentiras. Todos las hemos usado y las hemos padecido. Nos gustaría erradicarlas y sin embargo terminamos por aceptarlas como un mal necesario e imbatible.

¿Por qué? ¿Por qué mentimos a pesar nuestro? ¿Por qué aguantamos que nos mientan? ¿Es que acaso hay algo más fuerte que la mentira que permanece oculto al análisis superficial?

Condenados por sus ideas




“La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo.” Platón (427 AC-347 AC)


Si algo ha demostrado la historia es que no siempre reconocemos a los grandes pensadores o a las grandes personas, a aquellos con una mente preclara que pueden ayudar a la humanidad a mejorar y avanzar. Del mismo modo que los grandes héroes siguen un guión similar (nacimiento, búsqueda, caída a los infiernos y renacimiento), los grandes hombres y mujeres asesinados por sus ideas han tenido que pasar por el desprecio de sus coetáneos, juicios no demasiado justos en la mayoría de casos o, incluso, haber sido ejecutados sin tener la posibilidad de defenderse ante sus acusadores, como un simple ajuste de cuentas sin previo aviso.

Muchos de los personajes que han sufrido de este modo ni siquiera son conocidos: gente anónima que ha luchado por defender lo que creían justo y verdadero, pero que de la noche a la mañana han desaparecido del mapa. Por suerte no todos ellos nos son desconocidos y podemos aprender, no sólo de sus ideas, sino también de su final, tal vez para no repetir los errores.

En el año 0, nació un pastor de hombres, Jesús de Nazaret (a pesar de que las fechas de su vida y muerte no están del todo claras). La importancia de este personaje en la historia es innegable. El supuesto hijo de Dios, iniciador de un culto que hoy en día aún se sigue, fue un hombre extraordinario, de gran corazón y generosidad en una época de confusión. La tradición cristiana nos cuenta cómo Jesús transmitía un mensaje de amor, de fraternidad para con todos y su fama crecía cada día que pasaba, por lo que empezó a molestar a otros cultos, pero, sobre todo, a aquellos que ya se confesaban seguidores del mismo Dios que él, pues ponía en duda sus métodos y les dejaba en evidencia. Así pues, todos aquellos que empezaron a señalarle comenzaron a poner en duda su “origen divino”, pero especialmente su mensaje, que a fin de cuentas era lo más importante. Se le acusó, juzgó y, curiosamente, no fueron los romanos los que le condenaron directamente, sino su propio pueblo el que decidió entre él y otro acusado. Fue crucificado y murió en la cruz entre otros reos.

Personas como Jesus, dieron su vida por defender aquello en lo que creían. Tal vez no todo el mundo estará de acuerdo con sus ideas pero es innegable que el simple hecho de vivir con coherencia, defender por encima de todo ideas que benefician a toda la humanidad o que nos ayudan en nuestra vida, les confiere un valor y una categoría que bien podrían servir al resto de hombres y mujeres que miramos estos actos. A pesar que algunos de ellos solo fueron chivos expiatorios de otras causas, o que aún hoy en día algunos defienden como justas esas condenas, mirar hacia atrás nos ha de servir para aprender, así tal vez no habrá una próxima vez.

“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar….” Hypatia de Alejandría

Vivir es....


Vivir es un acto de responsabilidad, ante uno mismo y ante los demás.

No podemos vivir de cualquier manera; nuestros actos han de tener un sentido y una lógica, que puedan trascender la simple supervivencia física.

En la escuela de la vida todo tiene un porqué, y por consiguiente, un cómo y un para qué. Vivir es un acto de generosidad para con uno mismo y para con los demás. Se trata de ayudarse aprendiendo y de compartir cada logro, cada aprendizaje, de hacer valer la existencia como una entrega constante hacia el mundo en el que nos hallamos, y fundamentalmente hacia la Humanidad de la cual formamos parte.

Vivir es... estar vivo.

No es un secreto, no es un juego de palabras. Es sentirse parte del universo vital, de sus energías, aprovecharlas y vibrar con ellas. Así puede el hombre hacer de la vida un acto eterno, hacia una meta de perfección, que es también eternidad

La luz del sendero


El conocimiento es la capacidad de encontrar el camino; la sabiduría es el camino en si.


Que es la luz, si no la esencia de la vida misma. Es el sentido de la verdad. Aquello que trasciende a la oscuridad misma. Es la fuerza en su esencia.


Quien ha encontrado la luz, no necesita ya de antorchas para iluminar su camino.


Evidentemente, por medio de mis palabras, ni con mis sentimientos no puedo hacer lo que tú tienes que hacer.


Solo puedo estimularte a ser tu mismo. Debes escuchar tu voz interior y trascender más allá del espacio temporal. Allí encontraras la verdad última.


El paraíso o el infierno ya los empezamos a conocer aquí; son estados interiores. Lo Circunstancial no debe asfixiar lo sustancial.


El conocimiento es la capacidad de encontrar el camino en si. Es la vía misma. La soberanía interior es algo por alcanzar durante el transcurso de toda la vida. La decisión de ser uno mismo es algo que no debe pensarse, debe ser instantánea.


Es como querer cruzar un abismo a pequeños saltitos.


La persona sabia, cuanto más grande es, menos se la ve. Se asemeja a aquellos árboles frutales, que se inclinan humildemente para darse por entero a los demás.


Que bueno es sentir lo bueno. Cuanto enseña sentir lo malo. Que sabio es saberlo discernir.


Quien no depende del ayer ni del mañana es dueño de si mismo, y es libre en plenitud. Así como la ventana necesita del vació para ser ella misma el hombre que vive en la luz nesecita vaciarse de si mismo.

Constructores de si mismos


Proponemos una disciplina para un ser humano constructor, para un constructor de sí mismo. Considero que este es el título más grande que pueden concedernos.

Si alguna vez nos gustara obtener una condecoración, un título, todos deberíamos pedir este de constructor, para ser constructores de nosotros mismos y de las sociedades en las cuales vivimos, para poder mejorarnos a nosotros mismos y el mundo en el que vivimos.

Hoy vi un Camino... from Vajra on Vimeo.



Y una última fórmula....


El conocimiento crece en la misma medida en que se entrega, y esto lo saben muy bien todos aquellos que se han visto en la oportunidad de enseñar. Cuanto más enseñamos, más sabemos.


Todo aquello que nos hace bien debe ser entregado; todo aquello que recibimos debemos dejarlo correr, transmitir, enseñar, proyectar.

No creamos que la felicidad reside simplemente en el confort material, porque esa es una cadena sin fin. Cuantas más cosas tenemos, más necesitamos, y la felicidad no llega nunca. No creamos que no hay ninguna salvación, ninguna redención, ninguna iluminación que venga desde fuera. Es verdad que si tan sencillo fuese, los Maestros y los dioses, así, en plural, como eran para las antiguas civilizaciones, ya nos habrían regalado esa salvación y seríamos totalmente libres.


Pero ellos han señalado un camino, han depositado fórmulas en nuestras manos, y el resto es lo que tenemos que hacer nosotros. Dentro está la verdadera fuerza, el verdadero conocimiento.

La luz brila en ti....


La luz brilla en ti....
Solo tú eres capaz de darla a otros
Solo despues de descubrirla en ti

Estar contentos


Dicen que aquel que encuentra las grandes verdades, que entra en contacto con elementos fundamentales, se muestra alegre de ánimo.


¿Cómo podría ser de otra manera?


Estar contento con la propia situación, no despotricar contra la existencia que nos ha tocado vivir, sino aceptarla.


Como enseñaron los grandes Maestros, el problema no es evitar los dolores que sufrimos, sino los que van a venir.


No se crece de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera.

El dolor es vehículo de conciencia


El dolor es el que nos obliga a detenernos y a preguntarnos acerca de las cosas. Sin el dolor, jamás nos diríamos, como tantas veces lo hacemos: "¿Por qué a mí?", para advertir, seguidamente, que no es "a mí" solamente...


Sin el dolor, no nos propon-dríamos indagar en las leyes ocultas que mueven todas las cosas, hechos y personas.


Por poco que volvamos los ojos, encontraremos sufrimiento: sufre la semilla que estalla para dar lugar al árbol, sufre el hielo que se derrite con el calor o el agua que se endurece con el frío, y sufre el hombre que, para evolucionar, tiene que romper las pieles viejas de su cárcel de materia.


Pero tras todos estos sufrimientos se esconde una felicidad desconocida: la plenitud de la semilla, del agua, del alma humana que descubren, en medio de las tinieblas, la luz segura de su propio destino.

Rebeldía interior


La Historia de la Humanidad está llena de almas rebeldes que nos asombran por su heroísmo, por su valor y por su capacidad de romper moldes establecidos y abrir las fronteras de la ciencia, del arte, del pensamiento y de la vida

Tarde o temprano todo el mundo se rebela, sea contra la subida del alquiler, de las tarifas del transporte público, de las matrículas de la universidad, sea contra la falta de comprensión en casa, la falta de oportunidades para la gente joven y creativa, etc.

De la observación de la Naturaleza se desprende que la rebeldía es algo útil para la vida. Un árbol, por ejemplo, cuando está en la semilla no se ve porque el instinto de protección no le deja desarrollarse, lo aprisiona en esa "cárcel" porque ahí está seguro.

Si del interior de la semilla no surge la necesidad de crecer, de dejar atrás la comodidad, el árbol potencial puede quedar encarcelado durante siglos, pero como hay una fuerza -la búsqueda de su propia realización como roble-, que comienza a empujar hacia fuera, hacia arriba, hacia el sol, la prisión es transmutada en libertad de expresión. La especial rebeldía del roble le conduce a su propia realización.

De ahí que la auténtica rebeldía se encuentra dentro de nosotros y la podemos relacionar con una serie de actitudes que nacen de nuestro yo profundo, del yo más desconocido y que, sin embargo, tiene la fuerza de llevarnos hacia delante incluso cuando las circunstancias no son favorables.

El rebelde se desmarca de la masa, de ser masa, pues no puede perder la propia personalidad diluida en "lo que todos quieren", no puede perder la propia individualidad sacrificada al leviatán del "qué dirán"

Tal vez uno de los autores que mejor reflejó este sentimiento haya sido Hermann Hesse. En su novela "Demian" nos dice que:

La comunidad... es algo muy bello. Pero lo que ahora vemos florecer por todas partes no es la comunidad verdadera. Esta surgirá, nueva, del conocimiento mutuo de los individuos y transformará por algún tiempo el Mundo. Lo que hoy existe no es comunidad: es, simplemente, rebaño. Los hombres se unen porque tienen miedo unos de otros, y cada uno se refugia entre los suyos. Los señores en su rebaño; los obreros, en el suyo; los intelectuales en otro... ¿y por qué tienen miedo? Se tiene miedo cuando no se está de acuerdo consigo mismo. Tienen miedo porque no se han atrevido jamás a seguir sus propios impulsos interiores.”

Cuando en vez de comunidad hay rebaño, todo es igual, todos piensan lo mismo, todos van a comprar lo mismo en los mismos lugares, todos protestan por lo mismo el mismo día. Y cuando todos piensan lo mismo, hacen lo mismo, nace la indiferencia, se pierden los valores humanos, se mata sin piedad, se explota sin límites.

Hoy nos hablan de las bondades del “pensamiento único”, y ¿no será una consecuencia más del rebaño en el que nos quieren meter? Perdemos así silenciosamente la capacidad de admirar a los que son diferentes, porque no hay nadie diferente y mejor, no existen los héroes, los maestros de la vida, todo es chato, todo es tristemente gris y monótono, sin matices que coloreen la vida.

La situación mundial grita la necesidad de una renovación profunda y cuando todo un ser está enfermo no podemos curar sólo un órgano. No se puede cambiar por partes. No se puede cambiar solamente un sistema político, un sistema económico, un sistema religioso, social, artístico, científico, cuando todo está en crisis profunda ¡Hace falta cambiarlo todo! Cambiarlo todo, no destruirlo todo.

No es eficaz destruir, el último siglo ha conocido demasiadas revoluciones que han usado las armas y no han conseguido nada estable y duradero.

Hace falta construir algo realmente alternativo, un mundo nuevo y mejor. Para ello, hace falta un hombre nuevo, un hombre que sea capaz de vencer sus egoísmos, un hombre que sea capaz de construir sin descanso, de trabajar y de ver el fruto de su trabajo, un hombre que pueda investigar las antiguas tradiciones esotéricas y los más modernos descubrimientos de la ciencia, un hombre que tenga derecho y fe, un hombre que pueda andar en estos caminos ascendentes que van hacia el horizonte.

Hace falta empezar a construir desde lo pequeño, desde el hombre, para que con el tiempo se vaya llegando a lo grande en la medida que cada vez se sumen más rebeldes dispuestos a mejorarse a sí mismos.