Las formas mentales son un poco como esos instrumentos voladores de guerra o caza que vuelven a la mano y que en Australia llaman boomerangs. Estas armas, que son muy primitivas, puesto que existían incluso en el periodo del Paleolítico formativo, se arrojan y vuelven a nosotros.
Un mal pensamiento o un mal deseo que arrojemos a alguien, aunque le alcance, aunque percuta sobre él, puede volver de nuevo a nosotros y alcanzarnos. Esto está en relación con lo que los orientales llaman Karma, la ley de acción y reacción. Nadie escapa del Karma. El Karma actúa siempre.
Cuando sembramos trigo, recogemos espigas de trigo, pero cuando sembramos cizaña, recogemos cizaña.
Es una ley inexorable.
Generalmente se cree que el sistema kármico es completamente mecánico, y no es así, porque es un sistema vital.
Creemos que si lanzamos un mal pensamiento, ese mal pensamiento nos volverá exactamente igual, pero no es así. Cuando se planta una semilla de papa, no se obtiene una nueva semilla, sino una planta con varias papas.
Esto es así porque en la Naturaleza hay una serie de elementos que los esoteristas llaman akáshicos que son espejos de reflexión que potencian nuestras ideas-formas.
De tal suerte, si lanzamos un dardo, nos alcanzarán muchos dardos, y si lanzamos una rosa, nos llegarán muchas rosas. Esta es la magia vital de la Naturaleza. Es la causa por la que crecemos y es también la causa por la que tenemos que afrontar a veces terribles problemas.
Si una persona transmite una enseñanza, lo hace sobre un grupo pequeño de personas. Pero si esa enseñanza se plasma, vuelve a él con la potencia de cientos de miles de personas. Eso nos crea una enorme responsabilidad: la responsabilidad sobre nuestras formas mentales.
Por tanto, debemos cuidar no sólo la higiene de nuestro cuerpo físico o de nuestra casa, sino también de nuestras formas mentales.
Debemos lavarnos por dentro. Es fundamental, porque las formas mentales vuelven de nuevo a nosotros, y cuando tenemos una forma mental muy mala y pesada, hemos de tratar de arrojarla fuera, con cuidado para que no alcance a otros, y trabajarla para que se vaya transmutando poco a poco, y vuelva a nosotros con otra naturaleza.